gumasat
Poeta recién llegado
La primera Dama de Chiapas
La Primera Dama es una gran mujer,
hermosa,
cuyas canas entrelazan el tiempo
en largas trenzas adornadas con listón rojo.
Su cara está surcada de arrugas,
cada arruga es una herida del tiempo:
perdió a sus hijos, marido y nietos;
su esposo murió asesinado a machetazos
por diferencias políticas y religiosas
en esa comunidad, perdida en la geografía de Chiapas,
olvidada de la mano de dios, de la federación,
de todos los gobiernos.
Su rostro es moreno,
marcadamente moreno como la tierra que la vio nacer;
su ropa es bella,
no luce piedras millonarias,
sino sencillos adornos hechos por ella;
su blusa es huipil bordado a mano,
la enagua da vueltas al mundo
en un bies de color vivo,
tan vivo como la Primera Dama.
La Primera Dama
lleva sangre de indio en las venas,
sangre aplastada por las diferencias:
acoso, discriminación, odio.
La Primera Dama es india de Chiapas,
orgullosa y valiente,
carga la responsabilidad de seguir
en el camino,
largo camino de espinas le espera
pero Ella sabrá sortear las puntas
y llegar al final con aire de triunfo,
cansada de tanto sufrir, de tanto andar sin sentido.
La Primera Dama
no maneja camionetas,
a duras penas maneja su vida;
es fuente de vida,
de sabiduría vertida en consejos,
entendimiento y aceptación tácita del destino;
vive en una choza vieja,
tan vieja como el tiempo mismo,
en un brazo del bosque.
La naturaleza y Ella se entienden;
tienen amoríos desde su infancia
y ambos conocen sus secretos más callados.
La Primera Dama mendiga por la ciudad,
vencida de tanto luchar en vano,
de tantos odios heredados sin razón;
heredó la desgracia del indio
en una sociedad que discrimina su género,
y su desgracia es doble;
esta Primera Dama es pobre,
más pobre que la parcela de su pueblo
cansada de tanto producir maíz.
La Primera Dama se muere
en la enorme ciudad, rodeada de extraños,
tan lejos de la tierra negra que la parió.
Su ataúd es una tumba de flores,
la mortaja es la tierra, en contacto directo con el suelo,
para que ella alimente a la madre tierra;
la Primera Dama es la madre de todas las madres,
el génesis de nosotros.
6/feb/07 tgz
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La Primera Dama es una gran mujer,
hermosa,
cuyas canas entrelazan el tiempo
en largas trenzas adornadas con listón rojo.
Su cara está surcada de arrugas,
cada arruga es una herida del tiempo:
perdió a sus hijos, marido y nietos;
su esposo murió asesinado a machetazos
por diferencias políticas y religiosas
en esa comunidad, perdida en la geografía de Chiapas,
olvidada de la mano de dios, de la federación,
de todos los gobiernos.
Su rostro es moreno,
marcadamente moreno como la tierra que la vio nacer;
su ropa es bella,
no luce piedras millonarias,
sino sencillos adornos hechos por ella;
su blusa es huipil bordado a mano,
la enagua da vueltas al mundo
en un bies de color vivo,
tan vivo como la Primera Dama.
La Primera Dama
lleva sangre de indio en las venas,
sangre aplastada por las diferencias:
acoso, discriminación, odio.
La Primera Dama es india de Chiapas,
orgullosa y valiente,
carga la responsabilidad de seguir
en el camino,
largo camino de espinas le espera
pero Ella sabrá sortear las puntas
y llegar al final con aire de triunfo,
cansada de tanto sufrir, de tanto andar sin sentido.
La Primera Dama
no maneja camionetas,
a duras penas maneja su vida;
es fuente de vida,
de sabiduría vertida en consejos,
entendimiento y aceptación tácita del destino;
vive en una choza vieja,
tan vieja como el tiempo mismo,
en un brazo del bosque.
La naturaleza y Ella se entienden;
tienen amoríos desde su infancia
y ambos conocen sus secretos más callados.
La Primera Dama mendiga por la ciudad,
vencida de tanto luchar en vano,
de tantos odios heredados sin razón;
heredó la desgracia del indio
en una sociedad que discrimina su género,
y su desgracia es doble;
esta Primera Dama es pobre,
más pobre que la parcela de su pueblo
cansada de tanto producir maíz.
La Primera Dama se muere
en la enorme ciudad, rodeada de extraños,
tan lejos de la tierra negra que la parió.
Su ataúd es una tumba de flores,
la mortaja es la tierra, en contacto directo con el suelo,
para que ella alimente a la madre tierra;
la Primera Dama es la madre de todas las madres,
el génesis de nosotros.
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