La primera y la última palabra

Te leí el día que lo publicaste, y me hizo llorar, hoy vuelvo a leerlo y me vuelve a enternecer.
Se queda uno sin palabras, pues es una triste realidad, lo que la enfermedad de la mente y los años provocan...pero, por otro lado, que hermoso seria encontrar siempre personas, que se den un poco, y "ayuden" a partir a los demás, con algo de calor humano...
Sigue con tu forma "distinta"de escribir...a veces desconcierta pero, siempre es hermosa.
Saludos. Pasalo bien.
 
Te leí el día que lo publicaste, y me hizo llorar, hoy vuelvo a leerlo y me vuelve a enternecer.
Se queda uno sin palabras, pues es una triste realidad, lo que la enfermedad de la mente y los años provocan...pero, por otro lado, que hermoso seria encontrar siempre personas, que se den un poco, y "ayuden" a partir a los demás, con algo de calor humano...
Sigue con tu forma "distinta"de escribir...a veces desconcierta pero, siempre es hermosa.
Saludos. Pasalo bien.
Quiero que la ternura supere a la tristeza en este relato. Como dijo Saramago: "Nuestra única defensa contra la muerte es el amor". Creo que nuestra vida continúa siempre en todo lo que amamos. Somos mucho más que el pequeño espacio que ocupa nuestro cuerpo y el efímero tiempo que dura nuestra vida, somos todo lo que amamos.

Gracias por tu amable comentario. Un abrazo cordial.
 
Última edición:
Qué tierno y qué emotivo ese relato que me va directo al corazón. Tanto mi padre como mi madre, cuando estaban en el final de su vida, llallamaban a su madre, a mi me dio tanto que pensar... Hay una canción de Serrat, " Llegar a viejo", que en unas de sus estrofas, refiriendose al momento final, dice más o menos: " si no se llegase huérfano a ese trago..." Una madre siempre es un consuelo, siempre es un refugio, hasta para ese viejecito sin memoria, que en su último aliento llamó a su madre y murió tranquilo pensando que ella le tomaba de la mano. Vuelvo a aplaudir tu respeto y sensibilidad, me ha encantado, Antonio, un beso
 
Qué tierno y qué emotivo ese relato que me va directo al corazón. Tanto mi padre como mi madre, cuando estaban en el final de su vida, llallamaban a su madre, a mi me dio tanto que pensar... Hay una canción de Serrat, " Llegar a viejo", que en unas de sus estrofas, refiriendose al momento final, dice más o menos: " si no se llegase huérfano a ese trago..." Una madre siempre es un consuelo, siempre es un refugio, hasta para ese viejecito sin memoria, que en su último aliento llamó a su madre y murió tranquilo pensando que ella le tomaba de la mano. Vuelvo a aplaudir tu respeto y sensibilidad, me ha encantado, Antonio, un beso
Gracias por compartir los recuerdos entrañables de tus padres. No he necesitado mucha imaginación para escribir este sencillo relato. Creo que la llamada suplicante a nuestra madre, cuando nos sentimos muy mal, se repite continuamente.

Gracias por tu amable comentario. Un abrazo de corazón.
 
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA

La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:

- ¡Mamá!

La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:

- Duerme, mi niño.

El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.
Conmueve el relato en esos pasos finales donde las manos conjugan esa fortaleza en
el abandono final. me ha gustado mucho. saludos amables de luzyabsenta
 

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