Norainu
Poeta fiel al portal
La Princesa de los Andes.
Del estado sólido, el universo conocido miró hacia abajo,
al pie de las montañas colosales.
La princesa de los andes.
Sus palmas blancas, las manos morenas.
Lágrimas que rompen ese jarrón mil veces caído, mil veces pegado.
Y creí debía andar solo.
Aún lo creo.
El secreto, el juego de las palabras que me oculta en las sombras.
La materia obscura y el tiempo que se escapa.
El terror del infinito, del mar y del universo.
Del Mediterráneo (no lo sabía) nací para morir a sus pies pequeños.
Caí en tierra mojada y aun fui más lejos, llegué al principio otra vez.
Pierde el León.
La mujer que gobernará la tierra es una niña
que llora con su pelo negro por la soledad de su maestro y esclavo.
Estuve buscando a través de eones, otros mares y otros continentes.
Al pie de las montañas, estaba la princesa de los andes.
Quieta, (quisiera pensar) esperando.
La única, la materia obscura que abraza el universo.
La única.
Y no lo sabe.
Del estado sólido, el universo conocido miró hacia abajo,
al pie de las montañas colosales.
La princesa de los andes.
Sus palmas blancas, las manos morenas.
Lágrimas que rompen ese jarrón mil veces caído, mil veces pegado.
Y creí debía andar solo.
Aún lo creo.
El secreto, el juego de las palabras que me oculta en las sombras.
La materia obscura y el tiempo que se escapa.
El terror del infinito, del mar y del universo.
Del Mediterráneo (no lo sabía) nací para morir a sus pies pequeños.
Caí en tierra mojada y aun fui más lejos, llegué al principio otra vez.
Pierde el León.
La mujer que gobernará la tierra es una niña
que llora con su pelo negro por la soledad de su maestro y esclavo.
Estuve buscando a través de eones, otros mares y otros continentes.
Al pie de las montañas, estaba la princesa de los andes.
Quieta, (quisiera pensar) esperando.
La única, la materia obscura que abraza el universo.
La única.
Y no lo sabe.
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