La profecía del ángel negro

Gerardo Lugo

Cuervo gris
Y aquí os digo que lo que hoy profetizo
sea una advertencia para la soberbia del hombre
que se ha proclamado dios de sí mismo y de todo lo creado,
pues con sangre fue escrito en el libro de la vida
y en mis alas llevo la cicatriz del terror que se avecina.

Yo conozco el destino de todos los que viven y han vivido
y de aquellos que aún no ponen su marca sobre la tierra,
porque mi nombre es Muerte y así me doy por conocido
y en estas líneas anuncio el final, de forma hermosa y siniestra.

De día el cielo se tornará negro y de él caerá fuego
y ceniza sobre las cabezas de los hombres,
un fuego que consumirá toda belleza de lo que no fue valorado
pariendo desiertos en lo que antes fue verde
y sembrando la semilla del miedo y la desesperación
en el corazón del hombre
que, siendo arrastrado por la hambruna,
se devorará a sí mismo como lo ha hecho desde siempre.

Las aguas del mar se dividirán de par en par
dejando ver el profundo abismo que con recelo han guardado,
las naciones colapsarán como el gigante que por su peso cae
y la tierra temblará y se partirá como el cristal,
y de sus entrañas, ríos de lava hirviente correrán cual caballos desbocados
fundiendo los restos de lo que una vez vivió.

Los monzones inundarán todo valle y tierras bajas
desbordando lagos y ahogando montañas
y los vientos soplarán con ímpetu derribando todo a su paso
arrancando de raíz las últimas esperanzas de la humanidad.

Es así como todo acabará y yo me deleitaré
con las almas de los que a mis pies se postrarán,
uno a uno, todos vendrán a mí
porque mío es todo lo que es mortal
y mía ha sido siempre la humanidad.
 
Y aquí os digo que lo que hoy profetizo
sea una advertencia para la soberbia del hombre
que se ha proclamado dios de sí mismo y de todo lo creado,
pues con sangre fue escrito en el libro de la vida
y en mis alas llevo la cicatriz del terror que se avecina.

Yo conozco el destino de todos los que viven y han vivido
y de aquellos que aún no ponen su marca sobre la tierra,
porque mi nombre es Muerte y así me doy por conocido
y en estas líneas anuncio el final, de forma hermosa y siniestra.

De día el cielo se tornará negro y de él caerá fuego
y ceniza sobre las cabezas de los hombres,
un fuego que consumirá toda belleza de lo que no fue valorado
pariendo desiertos en lo que antes fue verde
y sembrando la semilla del miedo y la desesperación
en el corazón del hombre
que, siendo arrastrado por la hambruna,
se devorará a sí mismo como lo ha hecho desde siempre.

Las aguas del mar se dividirán de par en par
dejando ver el profundo abismo que con recelo han guardado,
las naciones colapsarán como el gigante que por su peso cae
y la tierra temblará y se partirá como el cristal,
y de sus entrañas, ríos de lava hirviente correrán cual caballos desbocados
fundiendo los restos de lo que una vez vivió.

Los monzones inundarán todo valle y tierras bajas
desbordando lagos y ahogando montañas
y los vientos soplarán con ímpetu derribando todo a su paso
arrancando de raíz las últimas esperanzas de la humanidad.

Es así como todo acabará y yo me deleitaré
con las almas de los que a mis pies se postrarán,
uno a uno, todos vendrán a mí
porque mío es todo lo que es mortal
y mía ha sido siempre la humanidad.
bien me recuerda al apocalipsis...
saludos
 
Y aquí os digo que lo que hoy profetizo
sea una advertencia para la soberbia del hombre
que se ha proclamado dios de sí mismo y de todo lo creado,
pues con sangre fue escrito en el libro de la vida
y en mis alas llevo la cicatriz del terror que se avecina.

Yo conozco el destino de todos los que viven y han vivido
y de aquellos que aún no ponen su marca sobre la tierra,
porque mi nombre es Muerte y así me doy por conocido
y en estas líneas anuncio el final, de forma hermosa y siniestra.

De día el cielo se tornará negro y de él caerá fuego
y ceniza sobre las cabezas de los hombres,
un fuego que consumirá toda belleza de lo que no fue valorado
pariendo desiertos en lo que antes fue verde
y sembrando la semilla del miedo y la desesperación
en el corazón del hombre
que, siendo arrastrado por la hambruna,
se devorará a sí mismo como lo ha hecho desde siempre.

Las aguas del mar se dividirán de par en par
dejando ver el profundo abismo que con recelo han guardado,
las naciones colapsarán como el gigante que por su peso cae
y la tierra temblará y se partirá como el cristal,
y de sus entrañas, ríos de lava hirviente correrán cual caballos desbocados
fundiendo los restos de lo que una vez vivió.

Los monzones inundarán todo valle y tierras bajas
desbordando lagos y ahogando montañas
y los vientos soplarán con ímpetu derribando todo a su paso
arrancando de raíz las últimas esperanzas de la humanidad.

Es así como todo acabará y yo me deleitaré
con las almas de los que a mis pies se postrarán,
uno a uno, todos vendrán a mí
porque mío es todo lo que es mortal
y mía ha sido siempre la humanidad.
Me gusto la narración, que el Angel dio... Me encanto tu lado oscuro y la manera que la voz del narrador y ritmo llevan... Saludos con afecto apreciado amigo Gerardo Lugo
 

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