danie
solo un pensamiento...
Provincia, extraña de mí mismo,
que esconde los relieves,
llanuras,
nubes
y montañas,
que no llora ni una lágrima
secándose en el río
por mi pesar
ni me sosiega con una caricia del sol.
Provincia sin nombre,
anónima de mi alma,
de mi ser;
que yo no conozco,
pero sé que me habita
y me asola
con su manto de sombras de urracas.
Es una provincia indiferente
que se rebela contra la bandera flameante
de mis sueños,
contra cada latido de mansa pradera
y la geografía del clóset de mi consciencia
borrando cada paisaje,
rostro o silueta
del ébano de magna anatomía,
de seno materno de estrella…
Comarca infiel a mi espejo
que devasta mis templos
con los desiertos de sed impía.
No puedo seguir sintiendo
su expansión fría
de ciudades de mármol,
su fauces de lobo a la espera
de que mis corderos se pierdan,
su gélido aliento soplándome la nuca,
echando al éxodo todas mis aves
de amén, rezos y aleluyas.
No puedo soportar más
su penumbra de marchita luna
velando mis noches
y trayéndome insomnios grises,
mustios helechos de un oscurecer
sobre las ruinas de mis memorias.
Un día llegaste con tu traje de usurera
para cobrar con intereses
por la fruta de cicuta,
por el sabor del rencor
hipotecando todo este país sin nombre
de una vacía nación
con la sangre de mi contrición.
que esconde los relieves,
llanuras,
nubes
y montañas,
que no llora ni una lágrima
secándose en el río
por mi pesar
ni me sosiega con una caricia del sol.
Provincia sin nombre,
anónima de mi alma,
de mi ser;
que yo no conozco,
pero sé que me habita
y me asola
con su manto de sombras de urracas.
Es una provincia indiferente
que se rebela contra la bandera flameante
de mis sueños,
contra cada latido de mansa pradera
y la geografía del clóset de mi consciencia
borrando cada paisaje,
rostro o silueta
del ébano de magna anatomía,
de seno materno de estrella…
Comarca infiel a mi espejo
que devasta mis templos
con los desiertos de sed impía.
No puedo seguir sintiendo
su expansión fría
de ciudades de mármol,
su fauces de lobo a la espera
de que mis corderos se pierdan,
su gélido aliento soplándome la nuca,
echando al éxodo todas mis aves
de amén, rezos y aleluyas.
No puedo soportar más
su penumbra de marchita luna
velando mis noches
y trayéndome insomnios grises,
mustios helechos de un oscurecer
sobre las ruinas de mis memorias.
Un día llegaste con tu traje de usurera
para cobrar con intereses
por la fruta de cicuta,
por el sabor del rencor
hipotecando todo este país sin nombre
de una vacía nación
con la sangre de mi contrición.