Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
La puerta de tu cuerpo
La puerta de tu cuerpo es este corazón mío,
abre desde adentro pues, aquel latido lisonjero
que se alboroza por ese olivo fulguroso, que matiz
de tus labios fogosos color granada
Esplendor que mana fragante como el alhelíe que se alza
igual que un pájaro enamorado hasta la cúspide
de su nido entre las rocas de tu alma,
que es este el corazón mío.
Para qué la congoja de la alborada,
si tu cabello rima con la palabra porcelana
y rima con la pradera de mis latidos
que te acarician celestiales, que son cristales
que te abrazan melosos como mil querubines
vestidos de oro y de luna.
La puerta de tu cuerpo es grácil galopar,
es raudal calizo de tu aposento, príncipe del silencio
que tiene plumaje de quetzal, soy de tu regazo
de aquel estival garbo que me hace latir lisonjeramente.
Dedicado al amor de mi vida, Margarita te amo.
La puerta de tu cuerpo es este corazón mío,
abre desde adentro pues, aquel latido lisonjero
que se alboroza por ese olivo fulguroso, que matiz
de tus labios fogosos color granada
Esplendor que mana fragante como el alhelíe que se alza
igual que un pájaro enamorado hasta la cúspide
de su nido entre las rocas de tu alma,
que es este el corazón mío.
Para qué la congoja de la alborada,
si tu cabello rima con la palabra porcelana
y rima con la pradera de mis latidos
que te acarician celestiales, que son cristales
que te abrazan melosos como mil querubines
vestidos de oro y de luna.
La puerta de tu cuerpo es grácil galopar,
es raudal calizo de tu aposento, príncipe del silencio
que tiene plumaje de quetzal, soy de tu regazo
de aquel estival garbo que me hace latir lisonjeramente.
Dedicado al amor de mi vida, Margarita te amo.
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