Arriban y meditan mis cuestiones benditas
pero las aparto de un soplido
y abrumadas y arrinconadas... contra mí protestan.
Furiosas las escucho, chillan en mis oídos
cierro mis ojos, y con mis ojos cierro la mente
y abro la noche convertida en sonido lejano
de mí alejada, por intenso frío.
Y el frío es el que advierte, desnudez y vulnerabilidad
escasez de herramientas para combatir
la necedad de ignorar mi propia conciencia
mi propio dolor.
Abro la otra puerta aceitada y sin llave
pasar por esa es mas fácil, casi tan fácil
como haber soplado al amor convaleciente
torpe y tonto, habitante de mi corazón
por no ser como el ideal, el platónico, el intocable.
Y arribaran más cuestiones que apartaré de un soplido
hasta que aprenda torpemente
que he sido
un tonto
que sopla
sin pensar
ni sentir.