La puerta se cerró tras su elegancia. Soneto.

Maktú

Poeta que considera el portal su segunda casa
Amable cedió su paz con un beso
al tiempo que iluminaba la estancia
un sol investido de arrogancia
-brillante colofón a tanto exceso-.

Atenta juró volver de regreso
al tiempo que se marchó su fragancia,
la puerta se cerró tras su elegancia
quedándome invernal, mortal y avieso.

Jamás logré saber su nombre entero,
ni dónde su elegancia pernoctaba,
ni adónde se marchó con mi dinero.

Maldito su recuerdo se jactaba
de darme con su tajo carnicero
allí donde mi amor se desangraba.
 

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