EL ARPONERO DE LA TINTA
Poeta asiduo al portal
Tus labios embrujados me besaron
y preso yo quedé de tus misterios;
la magia del amor que regalaron
rompieron mis barreras y criterios.
Fueron tus besos tibios que lograron
enardecer la sed de mis imperios,
y de gozo a mi cuerpo trastornaron
con la fe de nacientes magisterios.
Hoy me someto a ti, ¡dulce princesa!,
y mis ducados dejo totalmente
para soñar contigo nueva vida
y repintar el cielo tras promesa,
y juntar nuestros labios, plenamente,
mientras un pasional fulgor trepida.