Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La raja a la Ley
Llegó el rey y dijo:
¡Ah!, doremos al cordero,
y uno trajo leña,
y otro el cazo,
y otro el puchero,
y como no había aceite
asado, se lo comieron.
Y dijo el rey de nuevo:
Juzguemos,
que pase el violador
El violador era guapísimo,
y las señoras violadas,
cuando de nuevo vieron
al guapo mancebo,
se les quitaron las ganas
y les subieron otras,
porque nunca vieron de cara,
y una tras potra
Yo lo perdono,
y yo también,
y yo, y yo
Y una viejita sentada
en primera fila
Dijo que por si el caso,
ella su amén;
y la mujer del rey
que estaba en la sal
esperando a la miel
hizo una seña
Yo lo perdono todos los días,
que también lo perdonaría,
después,
porque aquí el único que viola
es la raja a la ley.
Llegó el rey y dijo:
¡Ah!, doremos al cordero,
y uno trajo leña,
y otro el cazo,
y otro el puchero,
y como no había aceite
asado, se lo comieron.
Y dijo el rey de nuevo:
Juzguemos,
que pase el violador
El violador era guapísimo,
y las señoras violadas,
cuando de nuevo vieron
al guapo mancebo,
se les quitaron las ganas
y les subieron otras,
porque nunca vieron de cara,
y una tras potra
Yo lo perdono,
y yo también,
y yo, y yo
Y una viejita sentada
en primera fila
Dijo que por si el caso,
ella su amén;
y la mujer del rey
que estaba en la sal
esperando a la miel
hizo una seña
Yo lo perdono todos los días,
que también lo perdonaría,
después,
porque aquí el único que viola
es la raja a la ley.