Frankos Roda
Poeta recién llegado
Ladraba un gozque flaco sus penas a la luna
la ruina de su suerte con desolada rima,
fijó su punto un búho sobre una gran tarima
y dijo a la sazón: ¿te quejas de fortuna?...
Me quejo con razón, feroz inoportuna,
por culpa de querer a un amo sin estima,
si aúllo le incomodo, gruñir le desanima;
al muy truhán le guardo capachos de aceituna
y pobre si me callo o si requiero enmienda.
Pues deja de ladrar; ahí llegan fulanos,
armados con garrotes y dos perros alanos
dispuestos a robar las rentas que vigilas;
perdido estás si alertas, perdido si sigilas.
A tales vaticinios... ¡Adiós, amo y hacienda!
la ruina de su suerte con desolada rima,
fijó su punto un búho sobre una gran tarima
y dijo a la sazón: ¿te quejas de fortuna?...
Me quejo con razón, feroz inoportuna,
por culpa de querer a un amo sin estima,
si aúllo le incomodo, gruñir le desanima;
al muy truhán le guardo capachos de aceituna
y pobre si me callo o si requiero enmienda.
Pues deja de ladrar; ahí llegan fulanos,
armados con garrotes y dos perros alanos
dispuestos a robar las rentas que vigilas;
perdido estás si alertas, perdido si sigilas.
A tales vaticinios... ¡Adiós, amo y hacienda!
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