Yo soy el hombre perdido entre siglos, castigado por mi existencia y motivado por vistas entre fracciones de noblezas.
Yo cultivo el pensamiento que respira vida entre alas, ofreciendo altura a las criaturas que dibujan la aurora de mis mañanas.
Yo deseo el fin digno de un príncipe envuelto por una palma como escudo de armas, sentado sobre trono de arena manteniendo pulsada la tecla a tierras extranjeras.
Yo estudio de lejos y sueño el deseo de peinar con mis dedos la cara de tu madrugada y respirar en concierto a una vista compartida y profundamente regalada.
Yo doblo la sepa de luz para reflejar la sonrisa que nace de tu rostro y que baila en tus ojos.
Tú abrigas deficiencias frías, amenazas relevancia a una existencia inconcebible, ofreciendo claridad a vista nubladas y paz a las almas agitadas.
Tú alumbras el día y cortas la noche para despertar el orgullo y reclamar un ánimo perdido.
Tú produces aire donde el pulmón quedo sofocado e infundes sangre dando pulso a una nave desesperada.
Tú interrumpes el sueño y sacudes el olvido, levantando lo inspirado con el deseo de ser oído.
Yo caigo a tu sonido por adorar tus maravillas, perdiendo la voluntad y cantando con labios que tiemblan a la vista que palabras no dan.