Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
La recuerdo como quien recuerda el paso del tiempo
ondulando entre las cortinas de un reloj sin palabras,
sólo, al fondo del pasillo, más allá del viento,
lamentando cada segundo que no estaba en nuestra casa.
A veces la recuerdo, como quien recuerda verse muerto,
zurdo de pies y manos por no poder acariciarla,
ocho o nueve veces al día, dos o tres en cada sueño,
seis o siete veces en cada despertar de cada cuatro o cinco madrugadas.
Diez veces en cada merienda, porque en cada café la recuerdo
estrellándome un beso de magia con una sola de sus miradas,
rozándome la piel sin tocarme, acariciándome por dentro,
observando como temblaban mis manos con tan solo imaginarla.
Callando tantas vocales que mis consonantes me ponían enfermo,
inválido de rimas suficientes para describir cuanto la amaba,
oculto entre las ocho letras de decirle que la quiero
en un barquito de papel que sin ella me naufraga.
ondulando entre las cortinas de un reloj sin palabras,
sólo, al fondo del pasillo, más allá del viento,
lamentando cada segundo que no estaba en nuestra casa.
A veces la recuerdo, como quien recuerda verse muerto,
zurdo de pies y manos por no poder acariciarla,
ocho o nueve veces al día, dos o tres en cada sueño,
seis o siete veces en cada despertar de cada cuatro o cinco madrugadas.
Diez veces en cada merienda, porque en cada café la recuerdo
estrellándome un beso de magia con una sola de sus miradas,
rozándome la piel sin tocarme, acariciándome por dentro,
observando como temblaban mis manos con tan solo imaginarla.
Callando tantas vocales que mis consonantes me ponían enfermo,
inválido de rimas suficientes para describir cuanto la amaba,
oculto entre las ocho letras de decirle que la quiero
en un barquito de papel que sin ella me naufraga.