sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
La reencarnación de los ojos de la muerte de placer
allí había rasgos de luz
temblores en los pálpitos de sangre erótica
y nombres de pupilas con la noche posando en las alas de las luciérnagas,
se posa la noche en las velas
se adueña el tiempo eterno
se agolpa la luz en brisas
se adueña el beso en el paladar del alba
susurra la muerte al día
se arroja la noche al amanecer
el origen de la letra habla
se canta la palabra a la llamada
se hierve el susurro al espíritu
se acuesta el beso en la muerte
se adhiere la lágrima viva
se inclina el sol a la luna
se hace el tiempo en la noche
se cuece el beso posando en la desnudez del vientre del alba
allí se asoman las estrellas
se anochece el cuerpo
en el rebosar de sangre derramada en la curva de los labios
se sumerge la noche en las estrellas
habla el fuego inspirado
en lo más alto de una ola de lava
que arde en mi cuerpo
se sumergen las letras en mi alma
y grito de placer
me muero en la fiebre de mis pupilas
y ahí cantando en el éxtasis de mi oxigeno
hablo en forma angelical
y abro mis ojos sumergido desde la piel de la luna colisionado con un beso de pincel
y ahí agarró a mi piel
desgarro mi espíritu
le doy un beso
y lo vuelco en mis cicatrices
y enciendo al beso morado
alucino con el placer
la sangre me sale de mi boca cuando beso a la chica de mis labios
y me adentro en el perfume de su olor
agarro su cuello y extraigo el aroma de su sangre
nos besamos desnudos
y respiramos nuestra lagrimas vírgenes
y nos las bebemos
vamos acrecentando el origen de Cupido
pero un Cupido en la que su flecha es su boca
y nos lanzamos nuestras lenguas entre una tormenta de crujientes besos
después nos curvamos
nos besamos
volamos
nos caemos
nos fundimos
nos acostamos día y noche
nos agarramos del cuello
nos silenciamos la boca
nos inyectamos adicción
nos enredamos
crujimos nuestros huesos
hasta rompernos de placer
nos besamos como lobos
aullamos como fieras
cabalgamos en un orgasmo
nos pulimos como la cera
nos abrasamos con nuestros deseos
nos agarramos de los pechos
nos calentamos con besos carnívoros
nos removemos entre el néctar de nuestro placer
nos deseamos morir
conociendo que perforamos el placer de nuestra sensibilidad
y nos agarramos de los ojos besándonos
enmascaramos a la luz del vientre de nuestra alma
y ahí encendidos entre el beso de la luz del deseo
nos lanzamos hacia el mundo desde el nuestro
cerramos los ojos
abrimos el corazón
respiramos desnudos
y nos agarramos
hasta que caemos
y morimos hincándonos los labios en nuestro corazón.