Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Muy pronto la verá aunque ella todavía ignora su presencia,
el se presentará harapiento y con cicatrices,
Aferrada al recuerdo y al pudor él la verá en la bahía atisbando
el mar proceloso para retornar una vez más a su inviolable aflicción.
Durante la perdurable ausencia, ella usó la artimaña
del tapiz interminable.
Para quienes la asediaron tantos años en lugar de decrecer
el encanto de la fiel Reina ha mejorado, esplende de sublime belleza.
Por fin aquel asedio de Reyes patanes la obligó prometer
que al terminar su morosa costura elegiría a uno de los pretendientes.
Su natural no le permitía sospechar engaños de su esposo ausente.
Durante los siguientes crepúsculos deshacia y rehacía el bello tapiz
hasta el siguiente amanecer.
¿ Habrá alguna vez una mujer que iguale su amor?
Rodeada de absurdas risotadas soportó por años la ausencia de su
ingenioso esposo.
Pero aún siendo presa de la desesperación siguió pura y con su amor
imbatible.
Cuando él llegó de incognito, harapiendo y mendigando mendrugos
ella ordenó le diesen de comer.
La caritativa Reina se sobresaltó al reconocerlo. Ignoraba que presenciaría
un desafío mortífero. El endiablado arco tentó a los rivales a tensarlo pero
cada prueba resultó un inesperado fiasco.
El harapiento solicitó la venia para intentarlo y al lograrlo se mostró.
Ocurrió entonces una faena sangrienta nunca vista: cada uno a su turno
cayó desbastado: cada flecha fue mortífera y ni un sólo patán quedó en pie.
Ella presenció la masacre horrorizada; su amado esposo era un guerrero
despiadado y cruel.
Pero cuando se está unido por la dignidad del amor eterno, eterna y
paradójica es la fidelidad que es en sí misma generadora de la Fe.
el se presentará harapiento y con cicatrices,
Aferrada al recuerdo y al pudor él la verá en la bahía atisbando
el mar proceloso para retornar una vez más a su inviolable aflicción.
Durante la perdurable ausencia, ella usó la artimaña
del tapiz interminable.
Para quienes la asediaron tantos años en lugar de decrecer
el encanto de la fiel Reina ha mejorado, esplende de sublime belleza.
Por fin aquel asedio de Reyes patanes la obligó prometer
que al terminar su morosa costura elegiría a uno de los pretendientes.
Su natural no le permitía sospechar engaños de su esposo ausente.
Durante los siguientes crepúsculos deshacia y rehacía el bello tapiz
hasta el siguiente amanecer.
¿ Habrá alguna vez una mujer que iguale su amor?
Rodeada de absurdas risotadas soportó por años la ausencia de su
ingenioso esposo.
Pero aún siendo presa de la desesperación siguió pura y con su amor
imbatible.
Cuando él llegó de incognito, harapiendo y mendigando mendrugos
ella ordenó le diesen de comer.
La caritativa Reina se sobresaltó al reconocerlo. Ignoraba que presenciaría
un desafío mortífero. El endiablado arco tentó a los rivales a tensarlo pero
cada prueba resultó un inesperado fiasco.
El harapiento solicitó la venia para intentarlo y al lograrlo se mostró.
Ocurrió entonces una faena sangrienta nunca vista: cada uno a su turno
cayó desbastado: cada flecha fue mortífera y ni un sólo patán quedó en pie.
Ella presenció la masacre horrorizada; su amado esposo era un guerrero
despiadado y cruel.
Pero cuando se está unido por la dignidad del amor eterno, eterna y
paradójica es la fidelidad que es en sí misma generadora de la Fe.
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