Había una vez una reina, era muy muy lista , tan lista que siendo joven lo sabia ya todo de todo y de todos, había viajado por todo el mundo, leído todos los libros del mundo y muchas mas cosas que no puedo ni debo decir yo pues es su secreto.
Una noche estando en sus aposentos reales la despertó una canción tan maravillosa, tan bonita, tan sublime que corrió desesperada hacia la venta, pues la voz provenía de los jardines; la abrío rápidamente de par en par, y la voz se hizo mas clara y el sonido del laud mas bello y armonioso.
Miró hacia los jardines, pero sus ojos ya no veían nada, a pesar de su juventud se habían gastando de tanto leer y ver, así que sin perder un solo segundo intento memorizarla para tenerla siempre con ella, pero claro en su memoria ya no cabía nada, la había llenado hasta rebosar de ideas , conocimientos y cosas que ella ni sabrá siquiera.
Así que resignada se apoyó en la ventana y se deleitó con las palabras y los acordes del laud que flotaban en la noche, y respiró el frío de la noche y los aromas de los jardines y ya no le importó memorizarla ni saber quien la tocaba o si no la volvería a oirla nunca más, sencillamente se quedó oyendola hasta dormirse.
Una noche estando en sus aposentos reales la despertó una canción tan maravillosa, tan bonita, tan sublime que corrió desesperada hacia la venta, pues la voz provenía de los jardines; la abrío rápidamente de par en par, y la voz se hizo mas clara y el sonido del laud mas bello y armonioso.
Miró hacia los jardines, pero sus ojos ya no veían nada, a pesar de su juventud se habían gastando de tanto leer y ver, así que sin perder un solo segundo intento memorizarla para tenerla siempre con ella, pero claro en su memoria ya no cabía nada, la había llenado hasta rebosar de ideas , conocimientos y cosas que ella ni sabrá siquiera.
Así que resignada se apoyó en la ventana y se deleitó con las palabras y los acordes del laud que flotaban en la noche, y respiró el frío de la noche y los aromas de los jardines y ya no le importó memorizarla ni saber quien la tocaba o si no la volvería a oirla nunca más, sencillamente se quedó oyendola hasta dormirse.