La relativa ambigüedad mental

Armando Gómez

Poeta recién llegado
Navegué el universo del pensamiento, sufrí lo oscuro del alma, y olvidé lo hermoso del suelo
Medité el karma, me transtorné por encontrar mi mantra, mientras se canalizaban mis duelos
Me clavé la daga del odio propio, y la decoré con versos que pintaban estructuradamente un cielo
Y logrando casi tocar la lógica del sentimiento, perdí el tacto en mi corazón que parecía hielo

Memoricé el concepto de amar, aunque me hiciera daño, y ni apunto de morir logré aplicarlo
Solo me siento bueno creando mi cascarón, y tengo que perder algo de mí al arrancarlo
Es lo vacío de existir lo que me enoja, así que lo relleno con profundas virtudes
Dedicándole a las metáforas años, y aunque mis días, literal, solo tienen similitudes

Logré la capacidad de hacer llorar a las personas por mí trabajada falta de concentración
Y me sentí discapacitado, cuando me concentré en alguien, y necesité su aprobación
Me clasifiqué para calzar, y me sentía cada vez más descalzo, y el fracaso me vistió elegante
Y yo en mi isla desierta, tratando de gritar con símbolos inentendibles, un protocolo al arte

Mis demonios se juntaron para diseñar mi estupidez, y esculpieron un trago de tequila
Y los recuerdos se montan en el papel de críticos, y porclaman el manifiesto de esta pupila
Que dilata sólo su tiempo, haciendo trazos de inestabilidad, que vienen en fila
Uno tras otro, y las esculturas las presento cada fin de semana con una sonrisa tranquila

Que se maquilla entre protestas, que brilla entre muertes, y que es representada por el lamento
Que se valora por el dinero, que se admira por un aplauso, y que se refuta por lo incierto
Y mi boca sigue haciendo un gesto extraño, y yo en el caño dándole sentido a este momento
Pues hoy inauguré mi nombre, y mi primer invitado, dice llamarse “El Cemento "

Me hice un adicto a la tinta, y por buscar colores imprimí una bonita copia
Y por tanto negro forme una firme sombra que lucha contra la masa de mi luz propia
Y la fobia al éxito, tiñó de verde al fracaso, que empañó el ocaso en el lumbral del cuerdo
Donde se mancha el loco de cordura, y pierde el cincel de la escultura que lo pone en el recuerdo
 

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