Osidiria
Poeta asiduo al portal
La palabra está en prisión
acusada de asaltar los corazones con la verdad,
pero de nada sirve aparentar inteligencia
si detrás no hay poco más que violencia,
verbal o física,
la primera está a la orden del día
y la segunda es como una segunda piel
con la que abrigamos nuestra mediocridad.
Los payasos pitan su cara para esconder su tristeza,
lloran a escondidas y se lamentan por no poder salir de su prisión,
nosotros no, hemos sido educados para el dolor,
somos penitentes descalzos en procesión
tras la religión de aparentar lo que no somos,
todo antes de dejar caer a nuestros pies el fardo de la apariencia,
que nadie sepa el valor real de lo que soy,
lo que valgo o no es cosa entre el infierno y yo.
Recetas, pócimas, brebajes varios, ungüentos y cuentos de la abuela,
canciones sin letra y fuego sin calor,
remedio para el mal de amor,
parche de cuero para mi ojo ciego,
tacones de aguja para andar por el baro y fiesta hasta el amanecer
que ya tendré tiempo de confesar mis pecados
cuando el confesor de palacio
haya sudado su resaca de placeres olvidados.
***
**
*
acusada de asaltar los corazones con la verdad,
pero de nada sirve aparentar inteligencia
si detrás no hay poco más que violencia,
verbal o física,
la primera está a la orden del día
y la segunda es como una segunda piel
con la que abrigamos nuestra mediocridad.
Los payasos pitan su cara para esconder su tristeza,
lloran a escondidas y se lamentan por no poder salir de su prisión,
nosotros no, hemos sido educados para el dolor,
somos penitentes descalzos en procesión
tras la religión de aparentar lo que no somos,
todo antes de dejar caer a nuestros pies el fardo de la apariencia,
que nadie sepa el valor real de lo que soy,
lo que valgo o no es cosa entre el infierno y yo.
Recetas, pócimas, brebajes varios, ungüentos y cuentos de la abuela,
canciones sin letra y fuego sin calor,
remedio para el mal de amor,
parche de cuero para mi ojo ciego,
tacones de aguja para andar por el baro y fiesta hasta el amanecer
que ya tendré tiempo de confesar mis pecados
cuando el confesor de palacio
haya sudado su resaca de placeres olvidados.
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