Dando una última mirada, a su ensangrentada cara,
lo abrazó desesperada y le envuelve en fino manto,
el suspiro que escapaba, hizo que el eco sonara,
en la cueva que José, les concedió mientras tanto
encontraban un lugar, que para siempre lo acoja.
Una lágrima resbala aunque del alma es el llanto,
al mismo tiempo que el cielo, llora en los prados que moja,
le entrega el pésame augusto, cuando al salir de la cueva
ve que le tapan con roca y piedra que nadie afloja.
Se quedan guardias armados de modo que alguien se atreva,
a profanar el sepulcro… y digan ..."resucitó"…
Pero… ¡Terrible sorpresa! La dura piedra se eleva
y el muerto resplandeciente… vivo, la roca, aventó.
Felipe de Jesús Legorreta Levy.
INDAUTOR México.
lo abrazó desesperada y le envuelve en fino manto,
el suspiro que escapaba, hizo que el eco sonara,
en la cueva que José, les concedió mientras tanto
encontraban un lugar, que para siempre lo acoja.
Una lágrima resbala aunque del alma es el llanto,
al mismo tiempo que el cielo, llora en los prados que moja,
le entrega el pésame augusto, cuando al salir de la cueva
ve que le tapan con roca y piedra que nadie afloja.
Se quedan guardias armados de modo que alguien se atreva,
a profanar el sepulcro… y digan ..."resucitó"…
Pero… ¡Terrible sorpresa! La dura piedra se eleva
y el muerto resplandeciente… vivo, la roca, aventó.
Felipe de Jesús Legorreta Levy.
INDAUTOR México.
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