La Romina
Cuantas noches perdidas,
cuantos sueños encontrados.
Miraba siempre a la vida como amargura, tristeza y soledad.
nada tenía sentido, sólo los pocos seducidos
que dejaban su momento al pasar.
Aquella mañana bajé del cuarto piso,
Dormida, sorprendida, miraba por el ventanal.
El estaba, allí, con su caja de regalo,
tan misterioso, tan elegante,
tan perfumado, tan apuesto, tan gentil.
Fijó su mirada en mi, una tarjeta
con sus palabras doradas de tanto amor.
Yo soñando hasta la confirmación.
El sería el hombre con el que siempre soñaba,
compartir mis amaneceres envuelta en sus brazos
Y besos de fuego.
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