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La rosa de la montaña rocosa

Vlad Kanon

Poeta fiel al portal
La rosa de la montaña rocosa

¿Por qué siento que no tengo paz?
¿Por qué siento que no tengo tranquilidad?
Mi corazón afligido late sin contenerse,
y se estremece cada vez que apareces;
ilusionada efigie, imagen justo en mi frente,
como recuerdo inerte, grabada en mi mente…
¡Estás! ¡Oh, diosa! Que mi corazón hace aún latir fuerte.

En ésta tierra te conocí, en ésta tierra te perdí…

Será el penacho del volcán más extraño,
cuna de vida para la flor que
vive de engaños y vanidades;
o pedestal, para que siempre permanezca
y no olvide aquella increíble vista,
pues de vanidades se nubla su vida…

En lo alto de la montaña podrá verlo todo,
pero no claramente, porque de ella,
nunca ha sido el mundo…
Sólo mi corazón, que aún siente esas raíces
crecer en sus venas, y robar toda su esencia,
dejando sólo penas y demencias.

Estela no merecía aquélla que…
¡Con superioridad irradiaba cegadora luz!
Inspiración de codicia, deseo y malicia;
pues viste de vanidades su vida,
¡Y pétalo que deja caer!... Es como hoja
que hoy vio nacer, y mañana...
¡Cree ser la misma en volver a renacer!

!Permanece en esa montaña de fuegos y amores!

Deja aparte cada cimiento de ésta roca montañosa,
para ser el único en poder alcanzarte y alabarte.
¡Porque no bastaban las palabras
para decirte mis únicas verdades!
Que de entre todas ellas, había una
que cantaba a dos estrellas:

Bien y mal, cada una de ellas logré ver…
Ciegamente, una de ellas quise escoger…
¡Torpe fui!, porque el camino que elegí,
oscuridades y penumbras preparó para mí.
¡Porque no siento paz sin tenerte cerca de mí!
¡Porque no siento tranquilidad sin tenerte aquí!

Porque el día que te fuiste de ahí...
En mi mente, recuerdos permanecen de ti.
¡Rosa que brotó de entre las rocas!
Bajo el sol creciste, y al calor del cielo pereciste…
¡Te marchitaste, y lejos te marchaste!
¡Seas, oh, Dios el jardinero!
¡Qué no me dejaste apreciarle!
Desde el tallo la cortaste, y sus raíces olvidaste…
Por dentro aún siguen creciendo y tejiendo
la tela, que lo cubre... Y ha de asfixiarlo.
Porque no puedo negarlo… La extraño.
Y siento que aún… La sigo amando.

Vlad Kanon​
 
La rosa de la montaña rocosa

¿Por qué siento que no tengo paz?
¿Por qué siento que no tengo tranquilidad?
Mi corazón afligido late sin contenerse,
y se estremece cada vez que apareces;
ilusionada efigie, imagen justo en mi frente,
como recuerdo inerte, grabada en mi mente…
¡Estás! ¡Oh, diosa! Que mi corazón hace aún latir fuerte.

En ésta tierra te conocí, en ésta tierra te perdí…

Será el penacho del volcán más extraño,
cuna de vida para la flor que
vive de engaños y vanidades;
o pedestal, para que siempre permanezca
y no olvide aquella increíble vista,
pues de vanidades se nubla su vida…

En lo alto de la montaña podrá verlo todo,
pero no claramente, porque de ella,
nunca ha sido el mundo…
Sólo mi corazón, que aún siente esas raíces
crecer en sus venas, y robar toda su esencia,
dejando sólo penas y demencias.

Estela no merecía aquélla que…
¡Con superioridad irradiaba cegadora luz!
Inspiración de codicia, deseo y malicia;
pues viste de vanidades su vida,
¡Y pétalo que deja caer!... Es como hoja
que hoy vio nacer, y mañana...
¡Cree ser la misma en volver a renacer!

!Permanece en esa montaña de fuegos y amores!

Deja aparte cada cimiento de ésta roca montañosa,
para ser el único en poder alcanzarte y alabarte.
¡Porque no bastaban las palabras
para decirte mis únicas verdades!
Que de entre todas ellas, había una
que cantaba a dos estrellas:

Bien y mal, cada una de ellas logré ver…
Ciegamente, una de ellas quise escoger…
¡Torpe fui!, porque el camino que elegí,
oscuridades y penumbras preparó para mí.
¡Porque no siento paz sin tenerte cerca de mí!
¡Porque no siento tranquilidad sin tenerte aquí!

Porque el día que te fuiste de ahí...
En mi mente, recuerdos permanecen de ti.
¡Rosa que brotó de entre las rocas!
Bajo el sol creciste, y al calor del cielo pereciste…
¡Te marchitaste, y lejos te marchaste!
¡Seas, oh, Dios el jardinero!
¡Qué no me dejaste apreciarle!
Desde el tallo la cortaste, y sus raíces olvidaste…
Por dentro aún siguen creciendo y tejiendo
la tela, que lo cubre... Y ha de asfixiarlo.
Porque no puedo negarlo… La extraño.
Y siento que aún… La sigo amando.

Vlad Kanon​


Un descriptivo torrente de pasión nos has dejado por ese amor que te dejó esos sentimientos que tan bien describes en tu poema lleno de contrastante sentimientos. Un saludo cordial.
 

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