Escobedo
Poeta asiduo al portal
¡Que me arrancas el alma!
¡No arranques esa flor, amigo mío,
déjala que florezca en el parterre!
Que esa rosa que embriaga tus sentidos,
con su suave perfume y sus colores,
se ha adueñado ayer tarde de los míos
No la toques, por Dios, que tengo envidia
de la abeja que liba en su pistilo,
del viento que le roba su fragancia
y hasta envidio las gotas de rocío
que refrescan al alba su corola.
¡No me arranques el alma, amigo mío!
Ayer paseó mi amor por el jardín,
tan fragante y con tanto señorío,
que al detenerse a contemplar la rosa
dejó en ella su efluvio y su destino.
Y desde entonces, heme aquí parado;
y como fiel amante yo vigilo,
noche y día la rosa en el parterre,
para que nadie deshaga el bello hechizo.
¡Por mi bien, no cortes esa rosa,
hermano y continúa tu camino...!
Juan de Escobedo, 04-09-2010.
¡No arranques esa flor, amigo mío,
déjala que florezca en el parterre!
Que esa rosa que embriaga tus sentidos,
con su suave perfume y sus colores,
se ha adueñado ayer tarde de los míos
No la toques, por Dios, que tengo envidia
de la abeja que liba en su pistilo,
del viento que le roba su fragancia
y hasta envidio las gotas de rocío
que refrescan al alba su corola.
¡No me arranques el alma, amigo mío!
Ayer paseó mi amor por el jardín,
tan fragante y con tanto señorío,
que al detenerse a contemplar la rosa
dejó en ella su efluvio y su destino.
Y desde entonces, heme aquí parado;
y como fiel amante yo vigilo,
noche y día la rosa en el parterre,
para que nadie deshaga el bello hechizo.
¡Por mi bien, no cortes esa rosa,
hermano y continúa tu camino...!
Juan de Escobedo, 04-09-2010.