Jose Andrea Kastronovo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con mis manos vacías, otra vez ante ti,
quiero darte en tus manos mi única rosa,
se había quedado sola en mi triste jardín,
ojalá haga recordarte que aún me amas,
que yo te amo y que me faltas para vivir.
Nació el mismo día que nació este amor,
por ahora es la única rosa que me queda,
hoy intentaré convencerte con esta flor,
que luchar por este amor, si vale la pena.
quiero darte en tus manos mi única rosa,
se había quedado sola en mi triste jardín,
ojalá haga recordarte que aún me amas,
que yo te amo y que me faltas para vivir.
Nació el mismo día que nació este amor,
por ahora es la única rosa que me queda,
hoy intentaré convencerte con esta flor,
que luchar por este amor, si vale la pena.
Toca sus pétalos, aún son rojos y húmedos,
pues ha sido regada por mis propias lágrimas,
es la última sobreviviente de mis áridos sueños,
ella ha leído de nuestra historia, todas las páginas.
Varias veces he venido a ti, con flores distintas,
con ellas te he pedido que me abras tu puerta
y aunque te he escuchado pedirme que ya no insista,
esta valiente rosa, hoy espera un sí como respuesta.
pues ha sido regada por mis propias lágrimas,
es la última sobreviviente de mis áridos sueños,
ella ha leído de nuestra historia, todas las páginas.
Varias veces he venido a ti, con flores distintas,
con ellas te he pedido que me abras tu puerta
y aunque te he escuchado pedirme que ya no insista,
esta valiente rosa, hoy espera un sí como respuesta.
Escucha a la rosa, que como yo siempre te ha amado,
cierra tus oídos y abre tu corazón a sus mudas palabras,
ella viene del campo que para ti con amor había sembrado,
reverdéceme con el agua fresca que sólo da tu mirada,
pues como mi corazón y la rosa sin ti, ya se están marchitando.
cierra tus oídos y abre tu corazón a sus mudas palabras,
ella viene del campo que para ti con amor había sembrado,
reverdéceme con el agua fresca que sólo da tu mirada,
pues como mi corazón y la rosa sin ti, ya se están marchitando.
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