Solaribus
Poeta veterano en el portal
Habían discutido. Ninguno de los dos había podido contener los gritos, las palabras duras ni las lágrimas. Había motivos de ambas partes, sin embargo la sensación luego de descargar la vocal artillería no les resultaba satisfactoria.
Allí estaba Juan, parado en el andén esperando el tren a la ciudad, con sus valijas hechas y el corazón no tanto. Allí estaba Martha, tendida sobre el sofá de los mimos, con el amor aún perfumando los almohadones, con la mirada perdida de los suicidas. Ninguno deseaba la partida, pero estaba acabando todo. Aún así, cada uno por su lado esperaba un dato, una señal del destino, un guiño desesperado de La Vida que desdijese todo y restaurara las cosas. En una de esas, con paso cansino, el tren de Juan descarriló suavemente. Quizás era Martha, que estaba encontrando su sortija de bodas perdida hace añares. Quizás era La Vida, que amaba mucho a Juan y a Martha
Allí estaba Juan, parado en el andén esperando el tren a la ciudad, con sus valijas hechas y el corazón no tanto. Allí estaba Martha, tendida sobre el sofá de los mimos, con el amor aún perfumando los almohadones, con la mirada perdida de los suicidas. Ninguno deseaba la partida, pero estaba acabando todo. Aún así, cada uno por su lado esperaba un dato, una señal del destino, un guiño desesperado de La Vida que desdijese todo y restaurara las cosas. En una de esas, con paso cansino, el tren de Juan descarriló suavemente. Quizás era Martha, que estaba encontrando su sortija de bodas perdida hace añares. Quizás era La Vida, que amaba mucho a Juan y a Martha