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La Sal De Mi Lamento

José Luis García Herrera

Poeta recién llegado
A lo lejos el mar. A lo lejos,
todo lo que amé
y perdí un día.
La melancolía escribe con voz roja
la sal de mi lamento.
Entre mis dedos, el amor,
es ya sólo un recuerdo, una herida
que permanece abierta,
que duele con la hondura
de la ausencia, que quema
como el fuego secreto de la noche.
El mar, a lo lejos. Como ella,
perdida para siempre
en el jardín de los sueños,
en los inviernos de la niebla,
entre la lluvia que llora
como un hombre detrás de las ventanas
contemplando la noche que se acerca.
Y en esa oscuridad, en esa hora
donde duele pronunciar el nombre
de quien ya no está conmigo,
mis lágrimas caen sobre el cuaderno
y un poema crece
-borroso entre los ojos-
más allá de los labios,
más allá del eco roto de mi corazón.
A lo lejos el mar. A lo lejos,
todo lo que amé
y fue mi vida.
 
José Luis García Herrera dijo:
A lo lejos el mar. A lo lejos,
todo lo que amé
y perdí un día.
La melancolía escribe con voz roja
la sal de mi lamento.
Entre mis dedos, el amor,
es ya sólo un recuerdo, una herida
que permanece abierta,
que duele con la hondura
de la ausencia, que quema
como el fuego secreto de la noche.
El mar, a lo lejos. Como ella,
perdida para siempre
en el jardín de los sueños,
en los inviernos de la niebla,
entre la lluvia que llora
como un hombre detrás de las ventanas
contemplando la noche que se acerca.
Y en esa oscuridad, en esa hora
donde duele pronunciar el nombre
de quien ya no está conmigo,
mis lágrimas caen sobre el cuaderno
y un poema crece
-borroso entre los ojos-
más allá de los labios,
más allá del eco roto de mi corazón.
A lo lejos el mar. A lo lejos,
todo lo que amé
y fue mi vida.

José Luis excelentes versos, me parecen magistrales. Un abrazo y la bienvenida al mundo. Buena forma de abrirte paso mi amigo. Un gustazo leerte

María Laura
 
A lo lejos el mar. A lo lejos,
todo lo que amé
y perdí un día.
La melancolía escribe con voz roja
la sal de mi lamento.
Entre mis dedos, el amor,
es ya sólo un recuerdo, una herida
que permanece abierta,
que duele con la hondura
de la ausencia, que quema
como el fuego secreto de la noche.
El mar, a lo lejos. Como ella,
perdida para siempre
en el jardín de los sueños,
en los inviernos de la niebla,
entre la lluvia que llora
como un hombre detrás de las ventanas
contemplando la noche que se acerca.
Y en esa oscuridad, en esa hora
donde duele pronunciar el nombre
de quien ya no está conmigo,
mis lágrimas caen sobre el cuaderno
y un poema crece
-borroso entre los ojos-
más allá de los labios,
más allá del eco roto de mi corazón.
A lo lejos el mar. A lo lejos,
todo lo que amé
y fue mi vida.



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Tuve que agrandarlo. Porque se me iba poniendo borroso. Se empañaban las lentes. Sabrás comprenderme: es el poema que dice lo que hace bastante intento decir. Gracias por hacerlo con tanta belleza y por ser el portavoz de mi lamento de salitre.

Un gran abrazo. Mucho Gusto. Bienvenido.

Ciela de Buenos Aires.
 
Muchísimas gracias por vuestras palabras,
por vuestro cariño.
Escribí este poema después de leer
unos versos de Antonio Machado.
Están inspirados por la luz meláncolica
de su buena estrella.
Un abrazo,
José Luis
 
Muy lindo tu poema amigo, ni importa en quien te hayas inspirado solo lo que quisiste trransmitis, pues al final eso es lo unico que llega.
Tu amigo Dago
 
¡Qué hermoso,Jose luis!
¡cuánta dulzura y melancolia derrama esta bella composicion,entre sal y lamentos!
Alguien me dijo un día"¿como de la tristeza se podía hacer belleza en poesía?"
Un placer haber estado en tu rincon literario,amigo Jose Luis.
Con cariño,Ariel.
 
¡Querida Ariel!
Muchísimas gracias por tus palabras, por tu cercanía,
por haberte detenido un rato en mi rincón poético.
Así como compartimos con los demás los momentos alegres,
hacemos de los momentos tristes un lugar privado e íntimo
donde, en muchas ocasiones, deseamos estar solos.
Y solos, con el manto de la soledad, brotan palabras hermosas,
palabras que gotean de los ojos como poemas,
que logran que nos aferremos, con más fuerza aún,
al mástil de la vida,
de este milagro maravilloso que es vivir.
Un abrazo,
José Luis
 
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