Jonatan Segen
Poeta recién llegado
Ya acostumbrada a las miradas,
Entre luces y aplausos le rodean,
Magia moderna que filtra sus lágrimas,
Espejo negro que le llama la más bella,
Cómo juzgarla…
A ella se le permite matar,
La sangre arde entre sus venas,
Sirena de manso canto
Que al fondo de aguas oscuras te lleva;
Me hallaba escalando la soga, entre espinas,
Tratando de alcanzar la doncella:
Su rojo y frondoso cabello, sus labios,
Su piel, que entre telas se enreda.
Deseos que su esencia provoca, en el aire,
Aroma de miel y canela.
Sí, la deseaba, con ganas más que cabeza;
Casi llegando a tenerla,
Una daga entre sus manos cortó mi cuerda,
sin aviso, cayendo traté de sostenerla,
su mano esquivó mi suplicio y, lentamente,
se fue dibujando en su rostro una sonrisa malévola.
Me vio subir cada paso, dejando otros sueños por ella,
Para alcanzar un fruto prohibido que no merecía la pena…
A ella se le permite matar,
La sangre arde entre sus venas.
Entre luces y aplausos le rodean,
Magia moderna que filtra sus lágrimas,
Espejo negro que le llama la más bella,
Cómo juzgarla…
A ella se le permite matar,
La sangre arde entre sus venas,
Sirena de manso canto
Que al fondo de aguas oscuras te lleva;
Me hallaba escalando la soga, entre espinas,
Tratando de alcanzar la doncella:
Su rojo y frondoso cabello, sus labios,
Su piel, que entre telas se enreda.
Deseos que su esencia provoca, en el aire,
Aroma de miel y canela.
Sí, la deseaba, con ganas más que cabeza;
Casi llegando a tenerla,
Una daga entre sus manos cortó mi cuerda,
sin aviso, cayendo traté de sostenerla,
su mano esquivó mi suplicio y, lentamente,
se fue dibujando en su rostro una sonrisa malévola.
Me vio subir cada paso, dejando otros sueños por ella,
Para alcanzar un fruto prohibido que no merecía la pena…
A ella se le permite matar,
La sangre arde entre sus venas.