La sangre del dragón
desde la punta acerada de la lanza
del sagrado caballero
llovió sobre los campos esmeralda
y nacieron las amapolas.
Mientras, Lady Godiva cruzaba la ciudad
y su cabellera al viento,
dorada como los trigos
sirvió de mullido pentagrama
a los lascivos goliardos.
Blandas las nubes apaciguaron las rudas tormentas
que bullían como pasiones o corazones de ciervo tras la carrera.
Eran recuerdos de caminante, sueños sin noche ni frontera.
Tallados sobre granito sirvieron como lema o graznido
a los cuervos mendicantes de despojos.
Anunciaron el fin de los tiempos
las campanas trizadoras del silencio
y los ojos lacrimosos de los niños empaparon con su luz
las oscuras galerías del invierno.
Canciones irreverentes se escucharon
tras el paso galopante de la bella
sobre el caballo portentoso.
La cabeza del dragón seguía sangrando sobre la lanza orgullosa
pero las amapolas ya solo florecían en los establos.
Tiempos de mineral esencia
como lluvia de alucinaciones para un aciago futuro
que se anuncia atronador desde las cumbres oscuras.
Las águilas premonitorias
inventan nuevas figuras en sus heráldicos vuelos
Incipientes matemáticos
tratan de descifrar las ecuaciones de sus curvas.
Pero serán los poetas
en su búsqueda de horizontes de colores limpios
quienes rompan el maleficio
de los espejos encantados por el signo.
Ya en pie las magias adulteradas de las noches
inician cánticos profanos
y los pergaminos encubren las inocencias perdidas.
Lenguas de salivas corrosivas
descarnan los cadáveres recientes
transformados en estatuas para el palacio del tirano.
Ocúltanse los hechizos
que las voluptuosas ninfas de los bosques
desde sus pechos de nieve
ofrecen al caballero en su búsqueda de dragones.
El rosado amanecer
trae nuevos ídolos
que acercan la eternidad
al destino de los hombres.
Ilust.: “Amanecer” Salvador Dalí.
desde la punta acerada de la lanza
del sagrado caballero
llovió sobre los campos esmeralda
y nacieron las amapolas.
Mientras, Lady Godiva cruzaba la ciudad
y su cabellera al viento,
dorada como los trigos
sirvió de mullido pentagrama
a los lascivos goliardos.
Blandas las nubes apaciguaron las rudas tormentas
que bullían como pasiones o corazones de ciervo tras la carrera.
Eran recuerdos de caminante, sueños sin noche ni frontera.
Tallados sobre granito sirvieron como lema o graznido
a los cuervos mendicantes de despojos.
Anunciaron el fin de los tiempos
las campanas trizadoras del silencio
y los ojos lacrimosos de los niños empaparon con su luz
las oscuras galerías del invierno.
Canciones irreverentes se escucharon
tras el paso galopante de la bella
sobre el caballo portentoso.
La cabeza del dragón seguía sangrando sobre la lanza orgullosa
pero las amapolas ya solo florecían en los establos.
Tiempos de mineral esencia
como lluvia de alucinaciones para un aciago futuro
que se anuncia atronador desde las cumbres oscuras.
Las águilas premonitorias
inventan nuevas figuras en sus heráldicos vuelos
Incipientes matemáticos
tratan de descifrar las ecuaciones de sus curvas.
Pero serán los poetas
en su búsqueda de horizontes de colores limpios
quienes rompan el maleficio
de los espejos encantados por el signo.
Ya en pie las magias adulteradas de las noches
inician cánticos profanos
y los pergaminos encubren las inocencias perdidas.
Lenguas de salivas corrosivas
descarnan los cadáveres recientes
transformados en estatuas para el palacio del tirano.
Ocúltanse los hechizos
que las voluptuosas ninfas de los bosques
desde sus pechos de nieve
ofrecen al caballero en su búsqueda de dragones.
El rosado amanecer
trae nuevos ídolos
que acercan la eternidad
al destino de los hombres.
Ilust.: “Amanecer” Salvador Dalí.