La Seductora
Ligera, casi un clic
en la monotonía turbulenta
de mis días.
Leve, transparente de exquisita,
me impregnaba su música,
me rociaba su agua bendita.
Alados, sutiles, acariciadores,
como los suspiros que la mariposa
arrebata al rosal, cuando ansiosa,
bebe de sus pétalos el apreciado
licor de su rojo rocío, soplaban
fuego los filamentos de su voz,
a las indiferentes bobinas de mi ser.
Finísima, casi descuidada,
vertía sobre mis células,
las partículas radiactivas
de sus entrañas.
No tuve defensa contra
los elementos invisibles,
estratégicos, inalámbricos,
pero vivísimos y matemáticos
de su seducción.
Ligera, casi un clic
en la monotonía turbulenta
de mis días.
Leve, transparente de exquisita,
me impregnaba su música,
me rociaba su agua bendita.
Alados, sutiles, acariciadores,
como los suspiros que la mariposa
arrebata al rosal, cuando ansiosa,
bebe de sus pétalos el apreciado
licor de su rojo rocío, soplaban
fuego los filamentos de su voz,
a las indiferentes bobinas de mi ser.
Finísima, casi descuidada,
vertía sobre mis células,
las partículas radiactivas
de sus entrañas.
No tuve defensa contra
los elementos invisibles,
estratégicos, inalámbricos,
pero vivísimos y matemáticos
de su seducción.