James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Sentada a la mesa, espera María,
la sonrisa baja, pestañas caídas.
En un saloncito, verde de la mugre,
las tardes asientan, polvos de costumbre.
Cuecen los fogones, la sopa, el cocido,
ella espera harta, ya de su marido.
Muy tarde y borracho, llega Juan a casa,
con la cara roja y la boca baja.
Ella mira el cielo, él la mira y calla,
Él traga la sopa y se va a la cama,
ella espera un rato, oye sus roncadas.
María suspira, entre la algarada,
otra noche en vela ,ya no pasa nada.
La fe ha huido, perdida esperanza,
mientras se ha esfumado y dormido en la estancia.
Sentada a la mesa, María despierta,
y por un segundo, pensó ya estoy muerta.
la sonrisa baja, pestañas caídas.
En un saloncito, verde de la mugre,
las tardes asientan, polvos de costumbre.
Cuecen los fogones, la sopa, el cocido,
ella espera harta, ya de su marido.
Muy tarde y borracho, llega Juan a casa,
con la cara roja y la boca baja.
Ella mira el cielo, él la mira y calla,
Él traga la sopa y se va a la cama,
ella espera un rato, oye sus roncadas.
María suspira, entre la algarada,
otra noche en vela ,ya no pasa nada.
La fe ha huido, perdida esperanza,
mientras se ha esfumado y dormido en la estancia.
Sentada a la mesa, María despierta,
y por un segundo, pensó ya estoy muerta.