Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajo la tierra dormida,
en un rincón del jardín,
vivía una pequeña semilla
tan pequeña como un jazmín.
Mientras las flores crecían
bailando bajo el sol brillante,
ella cerraba los ojos
y soñaba ser gigante.
—Quiero tocar las nubes,
quiero mirar más allá,
quiero que los pajaritos
vengan conmigo a cantar.
Pasaron lluvias y vientos,
pasaron días de espera,
y la semilla pensaba
que su sueño nunca llegara.
Pero una mañana clara,
cuando despertó al calor,
sintió crecer en silencio
una raíz y una flor.
Cada día fue más alta,
más fuerte junto al camino;
la ayudaron la lluvia,
la tierra, el sol y el destino.
Y cuando alzó sus ramas
hacia el cielo azul brillante,
comprendió que los grandes sueños
empiezan siendo pequeños antes.
Hoy es un árbol hermoso
que da sombra al caminante,
y cuenta a todas las semillas:
—Nunca dejen de soñar en grande.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
en un rincón del jardín,
vivía una pequeña semilla
tan pequeña como un jazmín.
Mientras las flores crecían
bailando bajo el sol brillante,
ella cerraba los ojos
y soñaba ser gigante.
—Quiero tocar las nubes,
quiero mirar más allá,
quiero que los pajaritos
vengan conmigo a cantar.
Pasaron lluvias y vientos,
pasaron días de espera,
y la semilla pensaba
que su sueño nunca llegara.
Pero una mañana clara,
cuando despertó al calor,
sintió crecer en silencio
una raíz y una flor.
Cada día fue más alta,
más fuerte junto al camino;
la ayudaron la lluvia,
la tierra, el sol y el destino.
Y cuando alzó sus ramas
hacia el cielo azul brillante,
comprendió que los grandes sueños
empiezan siendo pequeños antes.
Hoy es un árbol hermoso
que da sombra al caminante,
y cuenta a todas las semillas:
—Nunca dejen de soñar en grande.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados