café en chernobyl
Poeta recién llegado
La serenata del narcotráfico
País de la coca, de las akm, de niños sin futuro.
La sangre eyacula cráneos y las balas
son balas de cactus.
Mi contribución es mi nariz, la laringe negra,
el tubito de hojalata que succiona
el germen de toda la noche.
Nación blanca, de barriles de kerosene,
de paga policías y trata de blancas a burdeles de minas.
Los hijos de mis hermanos
se mean en los pantalones y caminan sobre la nieve
temiendo a que un proyectil les haga volar la cabeza.
Estado que por tus leyes recibes quilates de oro,
que enlodas en pretextos a los adictos,
como si ellos fabricaran armas, como si ellos estuvieran
preguntándose ¿qué hago con esto que ha sobrado
de la guerra fría?
Matar a alguien, matar a todos, eliminar a una
generación, ser un sicario por trepar la pirámide de los tatuajes.
¿Qué es? ¿Qué soy? ¿Qué eres? ¿Quién eres?
Caminamos cada vez con más miedo,
aún con faroles, con webcams, con la prensa amarillista.
El billete es lo que manda, se dice.
Ríos púrpuras corren entre valles que alguna vez
comentan descansaban los dioses seglares.
Tumbarse bajo la copa de un árbol y esperar a la nena
es ya un viejo recuerdo que se dibuja
al estar atado y sumamente duro ante las picas de un catre.