II. Conflicto
Se extiende sin ruido, sin aviso,
como un cuarto que queda sin presencia;
y en su forma se apaga la evidencia
de que el mundo responde a lo preciso.
No es grito, no es herida ni tormenta,
es ausencia que ocupa lo vivido;
y convierte lo que antes fue sentido
en un eco que lentamente aumenta.
Quiero llenarla… y más se ensancha,
quiero huir… y me sigo encontrando;
porque en todo lo que voy buscando
la soledad su espacio lo engancha.
III. Observación
Entonces no la evito ni la niego,
la contemplo como forma del instante;
no la hago enemiga ni distante,
solo la dejo estar en lo que entrego.
La miro sin relato ni juicio,
sin ponerle etiquetas ni condena;
solo observo su forma que resuena
como un fondo callado y propicio.
Y en ese mirar sin resistencia,
sin convertir su peso en identidad,
la soledad pierde su intensidad…
y se abre como pura presencia.
IV. Comprensión
No era vacío de vida ni sentido,
ni abandono del mundo exterior;
era un espacio pidiendo calor
dentro de un ser aún dividido.
Era el yo buscando su centro,
sin depender de nada ni de nadie;
un llamado profundo que no arde
pero quema cuando todo está dentro.
Y entendí que en su fondo verdadero
no había pérdida ni desconexión;
sino el intento de la creación
de volver a su propio sendero.
V. Integración
Y al dejarla existir sin el rechazo,
sin cubrirla de voces ni ruido,
la soledad dejó de ser pedazo
y se volvió un espacio reducido.
Ya no duele, no pesa ni separa,
se convierte en presencia tranquila;
un lugar donde el alma respira
sin necesidad de nada que la atara.
Y ahora vive como amiga interna,
no como falta de algo exterior,
porque al habitar su propio calor,
la soledad se vuelve eterna.
Se extiende sin ruido, sin aviso,
como un cuarto que queda sin presencia;
y en su forma se apaga la evidencia
de que el mundo responde a lo preciso.
No es grito, no es herida ni tormenta,
es ausencia que ocupa lo vivido;
y convierte lo que antes fue sentido
en un eco que lentamente aumenta.
Quiero llenarla… y más se ensancha,
quiero huir… y me sigo encontrando;
porque en todo lo que voy buscando
la soledad su espacio lo engancha.
III. Observación
Entonces no la evito ni la niego,
la contemplo como forma del instante;
no la hago enemiga ni distante,
solo la dejo estar en lo que entrego.
La miro sin relato ni juicio,
sin ponerle etiquetas ni condena;
solo observo su forma que resuena
como un fondo callado y propicio.
Y en ese mirar sin resistencia,
sin convertir su peso en identidad,
la soledad pierde su intensidad…
y se abre como pura presencia.
IV. Comprensión
No era vacío de vida ni sentido,
ni abandono del mundo exterior;
era un espacio pidiendo calor
dentro de un ser aún dividido.
Era el yo buscando su centro,
sin depender de nada ni de nadie;
un llamado profundo que no arde
pero quema cuando todo está dentro.
Y entendí que en su fondo verdadero
no había pérdida ni desconexión;
sino el intento de la creación
de volver a su propio sendero.
V. Integración
Y al dejarla existir sin el rechazo,
sin cubrirla de voces ni ruido,
la soledad dejó de ser pedazo
y se volvió un espacio reducido.
Ya no duele, no pesa ni separa,
se convierte en presencia tranquila;
un lugar donde el alma respira
sin necesidad de nada que la atara.
Y ahora vive como amiga interna,
no como falta de algo exterior,
porque al habitar su propio calor,
la soledad se vuelve eterna.
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