Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
EL conflicto es manifiesto,
las plantas de la casa están alborotadas
y conversan unas con otras en voz baja.
Al entrar en la sala, bajan la mirada,
intuyo algo en el silencio,
el reloj se ha detenido para escuchar.
La soledad solloza sobre la cama,
hundida en razones que desconozco,
reclama por mi causa, más no le he ofendido.
Ni un daño le e causado,
es mi compañera, mi amada,
la que me despide y me recibe,
la que baila conmigo en las sombras
y en las noches trastornadas,
la que ha sembrado locura en mis ojos,
y cultivado los versos que escribo.
Violenta y llorosa me mira desde la cama,
fija su mirada, no en mí, ¡ no!,
sus ojos están sobre el suelo y sobre mi ¡sombra!
Sin palabras comprendo todo,
celos sientes de mi sombra, Soledad,
celos de la luz que la proyecta,
feliz eres en las sombras,
eso lo sabía, por tu sonrisa delirante,
en las horas más violentas de mis noches si ella.
¿Celos de mi sombra? , Soledad.
Ve o que nada me dejas,
veo en tus ojos la rabia,
veo en tus ojos los celos florecidos,
veo tu magia ensombreciendo el cuarto,
veo las plantas hablar en vos baja,
el reloj escucha tus reclamos y
se ha detenido a las nueve.
Nada me dejas, poderosa,
¡ llévate lo que me queda!
Llévate mi sombra,
llévate mi carne y mis huesos,
llévate mis ojos y mis lágrimas,
llévate las plantas y sus voces,
llévate el reloj curioso e inservible
desde ahora.
llévate también las nueve,
PODEROSA.
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