Marga M.R.
Poeta que considera el portal su segunda casa
No trapasa la noche
los muros
de la estancia,
no,
no se libera,
encerrada entre
los cuatro muros
vive prisionera,
no alcanza la luna
en su empeño
a iluminarla,
no descubre vidrieras
de colores que acaricien
la luz,
no llega el canto
de la alondra
a regalarle
aire de primavera,
no,
no le llega el canto
que a la noche ofreciera,
a los gruesos muros
sólo llega la hiedra
absorviendo
la vida
que descansa
en la piedra,
axfisiando al la noche,
que,
olvidada del mundo,
descansa muda
y ciega.
los muros
de la estancia,
no,
no se libera,
encerrada entre
los cuatro muros
vive prisionera,
no alcanza la luna
en su empeño
a iluminarla,
no descubre vidrieras
de colores que acaricien
la luz,
no llega el canto
de la alondra
a regalarle
aire de primavera,
no,
no le llega el canto
que a la noche ofreciera,
a los gruesos muros
sólo llega la hiedra
absorviendo
la vida
que descansa
en la piedra,
axfisiando al la noche,
que,
olvidada del mundo,
descansa muda
y ciega.