Dani Leyte
Poeta recién llegado
TENGO NADA
Tengo el corazón helado
sin el calor del abrazo que te robaba,
lo siento triste, extraño,
como si le costara latir esta mañana,
como si quisiera quedarse soñando
que sigue al lado de tu mirada,
sintiéndose vivo, renovado,
entregado al poder de tu magia.
Tengo en mis entrañas un nudo
que me ahoga y me angustia,
que me hace caminar sin rumbo
como si en un charco de lluvia,
que crece a cada minuto,
se ahogara mi cordura.
Tengo en mi alma un hueco
imposible de colmar sin tí,
como si llevara un niño muerto
por ilusión, como si el fin
de esta letanía estuviera tan lejos
que mi esperanza se fuera de mí,
muriendo cada día en el reflejo
de un espejo de soledad muy gris.
Tengo vértigo por tu ausencia,
me falla el equilibrio al caminar,
como si el peso de esta tristeza
me vaciara de la bravura de un mar
que, normalmente, me da la fuerza
que ruge en mi vivo mirar.
Tengo y no tengo nada
más que las lágrimas que vierto
en estas tristes palabras,
más que el silencio de un sentimiento
que de soledad me desangra,
que hace que mi pensamiento
cierre los ojos y se vaya por la ventana
cabalgando sobre el viento
para dormirse sobre tu almohada.
18 de agosto de 2004
Tengo el corazón helado
sin el calor del abrazo que te robaba,
lo siento triste, extraño,
como si le costara latir esta mañana,
como si quisiera quedarse soñando
que sigue al lado de tu mirada,
sintiéndose vivo, renovado,
entregado al poder de tu magia.
Tengo en mis entrañas un nudo
que me ahoga y me angustia,
que me hace caminar sin rumbo
como si en un charco de lluvia,
que crece a cada minuto,
se ahogara mi cordura.
Tengo en mi alma un hueco
imposible de colmar sin tí,
como si llevara un niño muerto
por ilusión, como si el fin
de esta letanía estuviera tan lejos
que mi esperanza se fuera de mí,
muriendo cada día en el reflejo
de un espejo de soledad muy gris.
Tengo vértigo por tu ausencia,
me falla el equilibrio al caminar,
como si el peso de esta tristeza
me vaciara de la bravura de un mar
que, normalmente, me da la fuerza
que ruge en mi vivo mirar.
Tengo y no tengo nada
más que las lágrimas que vierto
en estas tristes palabras,
más que el silencio de un sentimiento
que de soledad me desangra,
que hace que mi pensamiento
cierre los ojos y se vaya por la ventana
cabalgando sobre el viento
para dormirse sobre tu almohada.
18 de agosto de 2004