Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Se vestía de sombra
con su sombrero de alas,
pantalones a juego,
y su negrura de capa.
Garrote en la mano,
en la otra una copa,
que es la espada agujero,
dos filos de acero
que son retal de la estopa.
El mundo gemía
donde pisaban sus botas;
él no sabía
que hubieran mundos de sobra.
Y al hacer el café,
descubrió el calor;
aroma de oler
cuando subió el hervor…
¡Negro!, y de negro sabor,
un agua tan clara
se convirtió en amor.
Y al beber la sustancia
que despierta carencias,
se impregnó de consciencias
que en el tiempo son rancias.
Desvelado se supo
señor y dueño de fondos,
y creyó ser el duplo
de los números mondos.
Por incierta la queja
levantó a su pareja,
y en lo negro del salón
hubo un sol que despeja,
a los mundos que on
son el off de la oreja.
Los hay que orinan
y se las miran,
los hay que mean
y se la ojean.
Las hay muy grandes,
las hay mininas,
las hay gigantes,
otras son pajas;
cuando al mirarse en el retrete
que está más limpio
que una limpia taza,
espejo donde se observan,
unas sin pelo, otras pobladas,
los instrumentos que en toda frente
son ornamentos de toda caja.
Ahora lo entiendo,
¡ahora lo cojo!,
de pelo pleno
viste al tercer ojo,
porque no hay ojo
que no se vea,
siendo relleno de la azotea
donde las luces sueñan lo rojo.
con su sombrero de alas,
pantalones a juego,
y su negrura de capa.
Garrote en la mano,
en la otra una copa,
que es la espada agujero,
dos filos de acero
que son retal de la estopa.
El mundo gemía
donde pisaban sus botas;
él no sabía
que hubieran mundos de sobra.
Y al hacer el café,
descubrió el calor;
aroma de oler
cuando subió el hervor…
¡Negro!, y de negro sabor,
un agua tan clara
se convirtió en amor.
Y al beber la sustancia
que despierta carencias,
se impregnó de consciencias
que en el tiempo son rancias.
Desvelado se supo
señor y dueño de fondos,
y creyó ser el duplo
de los números mondos.
Por incierta la queja
levantó a su pareja,
y en lo negro del salón
hubo un sol que despeja,
a los mundos que on
son el off de la oreja.
Los hay que orinan
y se las miran,
los hay que mean
y se la ojean.
Las hay muy grandes,
las hay mininas,
las hay gigantes,
otras son pajas;
cuando al mirarse en el retrete
que está más limpio
que una limpia taza,
espejo donde se observan,
unas sin pelo, otras pobladas,
los instrumentos que en toda frente
son ornamentos de toda caja.
Ahora lo entiendo,
¡ahora lo cojo!,
de pelo pleno
viste al tercer ojo,
porque no hay ojo
que no se vea,
siendo relleno de la azotea
donde las luces sueñan lo rojo.
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