La sombra de la belleza

esteban7094

Poeta recién llegado
El hombre es un bárbaro, un tirano, un devorador de bellezas; siempre teniendo terribles ansias de ultrajar lo que se le extiende como inalcanzable, como sagrado, como impoluto; lo que le incita a poseerlo…
¡Ay, hombre, pobre hombre! Esclavo de sus deseos secretos. No saber él que lo virginal, que lo inocente, guarda en su inconsciencia unos anhelos ocultos, unas ansias perversas de ser ultrajado, de ser mancillado, de ser devorado.
Así que, ¿Quién posee a quien?

La vida se trata de energías; del consumo, el racionamiento y el valorar de éstas mismas. Lo más vivo en el mundo es lo más radiante, lo más colmado de fuerzas, de vitalidad, lo más pletórico de poder.

El tirano va y conquista y destruye y posee (¡ay, César! “Veni vidi vici”) Pero queda exhausto, endeble, falto de vida. La belleza lo incitó, lo espoleó, lo azuzó a que gastara sus fuerzas, su aliento. Y todo esto recuerda aquellas plantas carnívoras del trópico que con su singular belleza atraen los insectos para devorarlos, todo esto recuerda a Helena y la caída de Troya…

¡Ay, cómo se dibuja una sonrisa macabra en el criminal capturado!
¡Cómo, entre sollozos, se enciende una chispa malvada en los ojos de la virgen ultrajada!
¡Hela ahí! Es esa la sombra de la belleza.



l. e. torres
 

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