Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
La sopa del alma.
Mirarse uno buscando la magia entre las manos,
queriendo atrapar la idea en la mente,
sostener el amor en cada latido de vida en tu pecho.
Mirarse uno con las manos vacías, los dedos entreabiertos.
¡Tantos sueños de malabarista forjados en una vida!
Mirarse uno de cuerpo entero, el alma con los hombros caídos,
la derrota dibujada, no sólo en los ojos ni en la cara,
pero en los ademanes internos, en la voz quebrada
por la rabia más profunda de las células.
Si, así cuajada la fotografía condensada de una vida,
no en blanco y negro, a todo color, en todas las dimensiones.
Mirarse uno y no haber caricias, con voces delgadas,
susurros de tibieza y conforte, oscuro, oscuro, ¡tan oscuro!
Háganme una sopa, para levantar el alma.
Mirarse uno buscando la magia entre las manos,
queriendo atrapar la idea en la mente,
sostener el amor en cada latido de vida en tu pecho.
Mirarse uno con las manos vacías, los dedos entreabiertos.
¡Tantos sueños de malabarista forjados en una vida!
Mirarse uno de cuerpo entero, el alma con los hombros caídos,
la derrota dibujada, no sólo en los ojos ni en la cara,
pero en los ademanes internos, en la voz quebrada
por la rabia más profunda de las células.
Si, así cuajada la fotografía condensada de una vida,
no en blanco y negro, a todo color, en todas las dimensiones.
Mirarse uno y no haber caricias, con voces delgadas,
susurros de tibieza y conforte, oscuro, oscuro, ¡tan oscuro!
Háganme una sopa, para levantar el alma.
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