La tarde agonizaba, su carmesí se había desteñido,
al parecer sus oleos antes azules se habían marchitado, se habían ranciado,
tal vez al acaecer cínica la noche se habían perdido, se habían olvidado.
Enlace gardenias a los postes y me enrumbe a esperarte,
ya no había señas de estelas semiensangrentadas en los infinitos,
ya no existían olas en los cielos, ondas que presagiaran el color de tus labios.
Hacia frió, empezó a nevar entonces acurruque en mi tus lirios,
vientos me despeinaron y me acorde de tu cintura de porcelana,
de las maculas doradas en tus pendientes, de las pupilas noches que llevabas,
me acorde de tus promesas entonces mis ojos se nublaron.
©Copyright todos los derechos reservados
©Obra protegida por derechos de autor
Con licencia para adaptar y reeditar
al parecer sus oleos antes azules se habían marchitado, se habían ranciado,
tal vez al acaecer cínica la noche se habían perdido, se habían olvidado.
Enlace gardenias a los postes y me enrumbe a esperarte,
ya no había señas de estelas semiensangrentadas en los infinitos,
ya no existían olas en los cielos, ondas que presagiaran el color de tus labios.
Hacia frió, empezó a nevar entonces acurruque en mi tus lirios,
vientos me despeinaron y me acorde de tu cintura de porcelana,
de las maculas doradas en tus pendientes, de las pupilas noches que llevabas,
me acorde de tus promesas entonces mis ojos se nublaron.
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