Leandro Vazquez R.
VRLeandro
La tarde gris da paso a la noche y la claridad a las espinas del rosal
que despiertan las flores del jardín.
El verdor de los árboles resurgen en el sueño de sus años,
como esperando dormir a la orden del que da y quita,
las aves llegan a su nido siguiendo el orden natural,
los días se van disminuyendo y las hojas caen.
Su cielo se nubla y con ello las esperanzas de volar,
camina aún con prontitud, como engañando al tiempo que se aleja.
Los colores blancos se acercan y las rayas se empiezan a asomar,
las aguas del mar se alejan, la noche cubre a la tarde gris.
Las flores duermen ya, el silencio cubre la oscuridad,
las brasas se desvanecen en las cenizas del fuego intenso de su juventud.
que despiertan las flores del jardín.
El verdor de los árboles resurgen en el sueño de sus años,
como esperando dormir a la orden del que da y quita,
las aves llegan a su nido siguiendo el orden natural,
los días se van disminuyendo y las hojas caen.
Su cielo se nubla y con ello las esperanzas de volar,
camina aún con prontitud, como engañando al tiempo que se aleja.
Los colores blancos se acercan y las rayas se empiezan a asomar,
las aguas del mar se alejan, la noche cubre a la tarde gris.
Las flores duermen ya, el silencio cubre la oscuridad,
las brasas se desvanecen en las cenizas del fuego intenso de su juventud.
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