Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
se sienta en los durmientes
de la vida a mirar
con nostalgia al horizonte,
sabe bien mirarle,
comprende que es parte de un ciclo,
triste pero inevitable,
mira con paciencia la partida de la luz y
el amasijo de sombras en que se va convirtiendo,
sombras que se quedan en la acera a las seis y
media en medio de su invierno,
a las puertas del recuerdo,
en el ir dejando que la vida corra
por las canaletas del desagüe a un lado de la acera,
el tiempo se marchita,
la mirada se marchita,
la soledad se envuelve en su rebozo negro y
pone a consideración del viento los cabellos,
mira al cielo,
da un paso y
se le escapa un ruego,
acaso un par de gotas que se evaporan
al contacto con el piso caerán de los ojos
de los cielos que nublan al horizonte entre vapores,
cae la noche y
el estruendo es tal
que la tarde muere en silencio acribillada,
no le queda más, suspira un viento,
un momento mas y
todo habrá pasado,
no será más que recuerdo…
Due 309.12 en una tarde con el cielo tan oscuro que parece noche…
Nota 1. El niño lloró no porque sus padres le dijeran mentiroso, lloró porque mientras se lo decían recordaba a Papá Noel, al Ratoncito de los dientes, a los Reyes Magos, a las Hadas de los cuentos, al príncipe valiente… Tsst
Nota 2. Tienes cara de solitaria……… ¿en qué intestino te criaron?... tsst y jajaja
Nota 3. Hasta un gato te hace más caso que un amigo con BlackBerry
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