Romeo Sebastian Bellini
Poeta recién llegado
Que vislumbre en canturreo
la dulce razón de sus huesos,
el entorno laberintoso
desierto y tan espacioso,
que sutil nació escondida
y adentro de esa ternura la concibió,
que fue carne que fue nieve etérea,
que vivió su muerte cuando la luz murió,
en la caída de sus sueños
que fue, lo más púdicamente bello,
valioso, digno, notable
y eminente de su inspiración.
Sombra de piedra el espectro
de esta ilusión no consumida,
cristal sonante en un vivir rimbombante
y a la vez torvo como minucioso,
en tu existir vivo flor de primavera,
sol de mi alma tu indiferencia me quema,
¡Ah, Mujer! ¿Quién tú rastro borrará,
si Dios mismo te moldea?...
la dulce razón de sus huesos,
el entorno laberintoso
desierto y tan espacioso,
que sutil nació escondida
y adentro de esa ternura la concibió,
que fue carne que fue nieve etérea,
que vivió su muerte cuando la luz murió,
en la caída de sus sueños
que fue, lo más púdicamente bello,
valioso, digno, notable
y eminente de su inspiración.
Sombra de piedra el espectro
de esta ilusión no consumida,
cristal sonante en un vivir rimbombante
y a la vez torvo como minucioso,
en tu existir vivo flor de primavera,
sol de mi alma tu indiferencia me quema,
¡Ah, Mujer! ¿Quién tú rastro borrará,
si Dios mismo te moldea?...