Leandro Sebastián
Poeta recién llegado
Imperturbable, la tierra, se agita ante la presencia
majestuosa de aquel relámpago de nieve tibia.
Sinfonía de pasos, que al unísono desafían.
Grandes mares de suave arena
juegan con el fino acero del destino.
La razón, lejana ahora, parece perderse en el frenesí del néctar mas dulce
El tiempo ya no es tiempo
y el rigor de sus agujas desaparece en el espacio.
El sol fosforece con la furia de la tempestad.
Silencio...silencio sepulcral.
La parsimonia del ocaso abraza mis ojos con sal.
A la distancia se escucha el rumor cristalino de la luna
incandescentes astros,
escriben en el firmamento su mejor oda.
Son las llamas púrpura de la noche
quienes arden en mi pecho
en medio de un gran claroscuro,
me pregunto donde estas.
Mi garganta rompe al grito de tu nombre.
El monte yace inerte bajo el peso de mis pies de plomo.
Eternos los palacios de muros plateados
donde naufraga la ilusión
Y el viento,
esbelto y sutil,
juega al compás de tu pelo dorado.
majestuosa de aquel relámpago de nieve tibia.
Sinfonía de pasos, que al unísono desafían.
Grandes mares de suave arena
juegan con el fino acero del destino.
La razón, lejana ahora, parece perderse en el frenesí del néctar mas dulce
El tiempo ya no es tiempo
y el rigor de sus agujas desaparece en el espacio.
El sol fosforece con la furia de la tempestad.
Silencio...silencio sepulcral.
La parsimonia del ocaso abraza mis ojos con sal.
A la distancia se escucha el rumor cristalino de la luna
incandescentes astros,
escriben en el firmamento su mejor oda.
Son las llamas púrpura de la noche
quienes arden en mi pecho
en medio de un gran claroscuro,
me pregunto donde estas.
Mi garganta rompe al grito de tu nombre.
El monte yace inerte bajo el peso de mis pies de plomo.
Eternos los palacios de muros plateados
donde naufraga la ilusión
Y el viento,
esbelto y sutil,
juega al compás de tu pelo dorado.
Leandro Sebastián