La tormenta de verano
por el norte hace su entrada,
la madre tierra respira
y se perfuma la cara,
las bestias en los corrales
amontonados descansan,
los tractores se detienen
y en las cocheras se guardan.
Por un día sólo se oye
un murmullo de hojas y agua.
Pone fin al griterío
y da paso a las palabras.
Compartiendo cualquier mesa
la gente se sienta y charla
mientras que tras los cristales
se oye la lluvia que pasa.
En algún momento puede
que se encuentren dos miradas
que bajo el sol se buscaron
y sólo en las sombras se hallan.
Tendrán ocasión entonces
de decir lo que callaban,
dejan atrás su vergüenza
y su corazón desatan.
En el peor de los casos
la lluvia también disfraza
de gotas de agua los llantos
de la juventud temprana
por el norte hace su entrada,
la madre tierra respira
y se perfuma la cara,
las bestias en los corrales
amontonados descansan,
los tractores se detienen
y en las cocheras se guardan.
Por un día sólo se oye
un murmullo de hojas y agua.
Pone fin al griterío
y da paso a las palabras.
Compartiendo cualquier mesa
la gente se sienta y charla
mientras que tras los cristales
se oye la lluvia que pasa.
En algún momento puede
que se encuentren dos miradas
que bajo el sol se buscaron
y sólo en las sombras se hallan.
Tendrán ocasión entonces
de decir lo que callaban,
dejan atrás su vergüenza
y su corazón desatan.
En el peor de los casos
la lluvia también disfraza
de gotas de agua los llantos
de la juventud temprana