Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA TRAICIÓN.
El sol que descendía
en una exaltación de rojos
todavía halagaba de tibieza a la piel.
Y estaba solo.
Nadie que le prestara atención.
La libertad pugnaba en él.
Atrás quedaban las ultimas casas de la orilla.
Como una sangre quieta
en silencio esperaba la noche,
que crezca su esencia espesa y misteriosa,
desde la copa de los árboles
con su manto de enigmas...
Y ella surgió más allá de los eucaliptos.
Y estaban solos y no había luna
y se abrazaron (primera cita)
y ellos trataron de no pensar en la traición
ella a su esposo. El a su amigo...
Y estaban solos... y no hubo luna.
EDUARDO MORGUENSTERN
El sol que descendía
en una exaltación de rojos
todavía halagaba de tibieza a la piel.
Y estaba solo.
Nadie que le prestara atención.
La libertad pugnaba en él.
Atrás quedaban las ultimas casas de la orilla.
Como una sangre quieta
en silencio esperaba la noche,
que crezca su esencia espesa y misteriosa,
desde la copa de los árboles
con su manto de enigmas...
Y ella surgió más allá de los eucaliptos.
Y estaban solos y no había luna
y se abrazaron (primera cita)
y ellos trataron de no pensar en la traición
ella a su esposo. El a su amigo...
Y estaban solos... y no hubo luna.
EDUARDO MORGUENSTERN
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