Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Nos hace bien saber que existimos en el mundo.
Cuando me untas sol con decirme buenos días
o cuando te traigo pan para que te brote el trigo,
pero más a la hora menos dos de echarnos de menos.
Siempre estás creciendo mientras te aguardo
y si me piensas me mido con las montañas.
La esperanza de que llueva se lee en las nubes
hasta que nos tenemos en la riada de nosotros.
Gotita de cielo, qué pequeña eres en mis labios.
En tu pecho al aire soy apenas un pez que lates.
Es bueno porque es sencillo
y es mejor porque es hermoso:
la sed tiene orillas y el corazón un centro.
Es verdad que con tenernos el pasado no sana;
pero nos tapamos las grietas con las manos
y eso que nos hacemos con los ojos:
una colcha de miradas para meternos debajo,
con tu perra, con mi gato
y nuestra maceta de tomillo y mejorana
para repartir el botín de la alegría.
Rotos, pero no dejamos que escape la alegría
porque se la robamos a los dioses,
los dioses monolíticos que nos robaron la inocencia,
pero no la travesura de querernos como niños
con la sencilla felicidad de saber que nos tenemos
en un tiempo sin horas con permiso de nadie.
Lo demás es el mercado. El mercado que nos compra
el hambre y que nos vende como mercancía.
Pero me regalo a ti porque me regalas la verdad:
soy mío para darme y te das porque eres tuya.
De nosotros somos lo nuestro: el mejor pago,
lo que no compramos, lo que no vendemos.
Cuando me untas sol con decirme buenos días
o cuando te traigo pan para que te brote el trigo,
pero más a la hora menos dos de echarnos de menos.
Siempre estás creciendo mientras te aguardo
y si me piensas me mido con las montañas.
La esperanza de que llueva se lee en las nubes
hasta que nos tenemos en la riada de nosotros.
Gotita de cielo, qué pequeña eres en mis labios.
En tu pecho al aire soy apenas un pez que lates.
Es bueno porque es sencillo
y es mejor porque es hermoso:
la sed tiene orillas y el corazón un centro.
Es verdad que con tenernos el pasado no sana;
pero nos tapamos las grietas con las manos
y eso que nos hacemos con los ojos:
una colcha de miradas para meternos debajo,
con tu perra, con mi gato
y nuestra maceta de tomillo y mejorana
para repartir el botín de la alegría.
Rotos, pero no dejamos que escape la alegría
porque se la robamos a los dioses,
los dioses monolíticos que nos robaron la inocencia,
pero no la travesura de querernos como niños
con la sencilla felicidad de saber que nos tenemos
en un tiempo sin horas con permiso de nadie.
Lo demás es el mercado. El mercado que nos compra
el hambre y que nos vende como mercancía.
Pero me regalo a ti porque me regalas la verdad:
soy mío para darme y te das porque eres tuya.
De nosotros somos lo nuestro: el mejor pago,
lo que no compramos, lo que no vendemos.
22 de mayo de 2025