II. Conflicto
Se instala sin ruido, pero pesa,
como un cielo cubierto que no rompe;
y en su sombra el latido se descompone
y la vida se vuelve más espesa.
No hay huida posible ni consuelo
que disuelva su forma persistente;
todo intento de alzar la frente
cae rendido en su mismo desvelo.
Y al querer apartarla, más se aferra,
se hace nudo en lo hondo del sentido;
porque huir de lo que ha sido
es seguir sosteniendo lo que encierra.
III. Observación
Entonces no la empujo… la acompaño,
la dejo reposar en mi presencia;
la contemplo sin prisa ni resistencia,
como quien ve llover tras un engaño.
No pregunto por qué, ni la analizo,
no la nombro siquiera en su caída;
solo observo su forma en la herida
sin buscarle un final preciso.
Y en ese acto simple de mirarla,
sin querer corregir su movimiento,
se deshace su antiguo argumento…
y comienza en sí misma a transformarla.
IV. Comprensión
No era sombra nacida del vacío,
ni un castigo por algo no resuelto;
era el eco de un vínculo ya suelto
que aún latía en su leve desvarío.
Era amor que no quiso marcharse,
memoria que aún pide su lugar;
una forma del alma de abrazar
lo que un día no supo despedirse.
Y entendí que en su fondo habitaba
no el dolor… sino lo que fue querido;
la tristeza no es más que el latido
de algo vivo que aún me acompañaba.
V. Integración
Y al dejarla existir sin rechazarla,
se volvió suave, casi transparente;
ya no era un peso firme y persistente,
sino un hilo sutil para abrazarla.
No se fue… se quedó transformada
en un eco sereno y sin herida;
como lluvia que nutre la vida
sin romper la raíz que fue sembrada.
Y ahora vive en mí, sin exigencia,
como parte tranquila del camino;
porque al darle su justo destino,
la tristeza encontró su permanencia.
Se instala sin ruido, pero pesa,
como un cielo cubierto que no rompe;
y en su sombra el latido se descompone
y la vida se vuelve más espesa.
No hay huida posible ni consuelo
que disuelva su forma persistente;
todo intento de alzar la frente
cae rendido en su mismo desvelo.
Y al querer apartarla, más se aferra,
se hace nudo en lo hondo del sentido;
porque huir de lo que ha sido
es seguir sosteniendo lo que encierra.
III. Observación
Entonces no la empujo… la acompaño,
la dejo reposar en mi presencia;
la contemplo sin prisa ni resistencia,
como quien ve llover tras un engaño.
No pregunto por qué, ni la analizo,
no la nombro siquiera en su caída;
solo observo su forma en la herida
sin buscarle un final preciso.
Y en ese acto simple de mirarla,
sin querer corregir su movimiento,
se deshace su antiguo argumento…
y comienza en sí misma a transformarla.
IV. Comprensión
No era sombra nacida del vacío,
ni un castigo por algo no resuelto;
era el eco de un vínculo ya suelto
que aún latía en su leve desvarío.
Era amor que no quiso marcharse,
memoria que aún pide su lugar;
una forma del alma de abrazar
lo que un día no supo despedirse.
Y entendí que en su fondo habitaba
no el dolor… sino lo que fue querido;
la tristeza no es más que el latido
de algo vivo que aún me acompañaba.
V. Integración
Y al dejarla existir sin rechazarla,
se volvió suave, casi transparente;
ya no era un peso firme y persistente,
sino un hilo sutil para abrazarla.
No se fue… se quedó transformada
en un eco sereno y sin herida;
como lluvia que nutre la vida
sin romper la raíz que fue sembrada.
Y ahora vive en mí, sin exigencia,
como parte tranquila del camino;
porque al darle su justo destino,
la tristeza encontró su permanencia.