demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
La tumba de una bruja
El clérigo dijo:"ahórquen la bruja".
Claveles de pétalos ennegrecidos,
crecen sobre los marchitados alrededores,
como lamentos de la luna perdidos,
en quienes siembran penas, y cosechan dolores.
Cuervos elevan cantos enmudecidos,
y el alba roba a la noche sus colores,
para enlutar héroes que se han ido,
sin recibir halagos, sin recibir honores.
Despunta la brisa pálidos quejidos,
en la tumba que se alza, sin placa ni flores,
y en la lápida se escuchan ruidos,
como una voz gritando en sus interiores.
"Enterraron a la bruja, ¿O ella los enterró a ellos?"
Y dentro del sarcófago afligido,
se escuchan versos de unos labios cantores,
cantar un tono entre enfurecido,
y entre dulce cántico de los ruiseñores:
"canto para que me escuchen los oídos,
del sacerdote y los demás agresores,
quienes se creyeron bien permitidos,
de reducir mi alma a estos esplendores"
"Creyeron que mi vida se habría ido,
pero solo hicieron mis poderes mayores",
y la voz se tornaba en alaridos,
gimiendo en la tumba entre densos temblores.
El ataúd de la bruja está partido,
y se cuentan por el pueblo algunos rumores,
pues dentro del ataúd yace metido,
un cadáver, del cual nacen todos sus horrores.
"¿Quién es el que está ahí fallecido?"
preguntan angustiados damas y señores,
y el rostro del sacerdote tendido
yace junto a sus órganos interiores.
"Cuentan que en la tumba del clérigo,
de vez en vez se escucha una diabólica risa"
El clérigo dijo:"ahórquen la bruja".
Claveles de pétalos ennegrecidos,
crecen sobre los marchitados alrededores,
como lamentos de la luna perdidos,
en quienes siembran penas, y cosechan dolores.
Cuervos elevan cantos enmudecidos,
y el alba roba a la noche sus colores,
para enlutar héroes que se han ido,
sin recibir halagos, sin recibir honores.
Despunta la brisa pálidos quejidos,
en la tumba que se alza, sin placa ni flores,
y en la lápida se escuchan ruidos,
como una voz gritando en sus interiores.
"Enterraron a la bruja, ¿O ella los enterró a ellos?"
Y dentro del sarcófago afligido,
se escuchan versos de unos labios cantores,
cantar un tono entre enfurecido,
y entre dulce cántico de los ruiseñores:
"canto para que me escuchen los oídos,
del sacerdote y los demás agresores,
quienes se creyeron bien permitidos,
de reducir mi alma a estos esplendores"
"Creyeron que mi vida se habría ido,
pero solo hicieron mis poderes mayores",
y la voz se tornaba en alaridos,
gimiendo en la tumba entre densos temblores.
El ataúd de la bruja está partido,
y se cuentan por el pueblo algunos rumores,
pues dentro del ataúd yace metido,
un cadáver, del cual nacen todos sus horrores.
"¿Quién es el que está ahí fallecido?"
preguntan angustiados damas y señores,
y el rostro del sacerdote tendido
yace junto a sus órganos interiores.
"Cuentan que en la tumba del clérigo,
de vez en vez se escucha una diabólica risa"