Anave
Poeta asiduo al portal
Yaces silente.
Tu piel...
transparente
deja entrever ríos azules
que se han detenido
y ya no riegan más
los jardines de tu carne.
Tus ojos...
ventanas abiertas
a un abismo sin fondo,
pupilas sin luz,
estrellas muertas,
agujeros negros...
Tu boca...
rosa marchita,
pétalos entreabiertos
en un gesto sin tiempo,
sin palabra, sin aliento.
Tu pecho...
cofre cerrado,
alberga tu corazón
dormido para siempre.
Tus entrañas...
albergan la larva de la peste
que devorará implacable
tu carne de adentro hacia afuera
sin darle tregua al espanto
de mi corazón.
Consumirá impávida
la miel de tus ojos
dejando sus cuencas
vacías como cálices
con su mirada de horror.
¡Nooooooo!
Ahogo el grito
que desgarra mi garganta
y aparto tu cuerpo
de mis manos, de mi alma,
de mi corazón.
Y mientras se cierra
la tierra sobre tí...
mi alma, de hinojos,
no encuentra compasión.
La tumba de mi amado
adornada está de rosas frescas...
pero el que se pudre ya no es él...
Dichosa la amante
que pone en el cielo su esperanza
o purga en el infierno su aflicción.
Yo, que no creo
ni en ángel ni en demonio
no sé dónde buscar
a aquél que se marchó.
Tu piel...
transparente
deja entrever ríos azules
que se han detenido
y ya no riegan más
los jardines de tu carne.
Tus ojos...
ventanas abiertas
a un abismo sin fondo,
pupilas sin luz,
estrellas muertas,
agujeros negros...
Tu boca...
rosa marchita,
pétalos entreabiertos
en un gesto sin tiempo,
sin palabra, sin aliento.
Tu pecho...
cofre cerrado,
alberga tu corazón
dormido para siempre.
Tus entrañas...
albergan la larva de la peste
que devorará implacable
tu carne de adentro hacia afuera
sin darle tregua al espanto
de mi corazón.
Consumirá impávida
la miel de tus ojos
dejando sus cuencas
vacías como cálices
con su mirada de horror.
¡Nooooooo!
Ahogo el grito
que desgarra mi garganta
y aparto tu cuerpo
de mis manos, de mi alma,
de mi corazón.
Y mientras se cierra
la tierra sobre tí...
mi alma, de hinojos,
no encuentra compasión.
La tumba de mi amado
adornada está de rosas frescas...
pero el que se pudre ya no es él...
Dichosa la amante
que pone en el cielo su esperanza
o purga en el infierno su aflicción.
Yo, que no creo
ni en ángel ni en demonio
no sé dónde buscar
a aquél que se marchó.
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