Esta fuera la última noche en la que estuviesen juntos, en pleno baile él sufrió un ataque al corazón debido a la felicidad que le provocaba estar al lado de ella y fue ahí cuando pereció abrazado a su amada.
La noche es joven, apenas principia,
su fulgor da comienzo a mi calamidad,
gocemos que el sereno nos brinda,
entre las sombras mi último respirar.
Espero que mi corazón no se logre alterar,
pues la prisa de sus latidos sería el fin,
si mis emociones no se controlan más,
esta misma noche dejaría de existir.
Son tus manos las únicas que hoy tocaré,
seis velas y una luna podrán ser testigos,
alístate pues algo va a acontecer,
por favor no quiero llantos ni gritos.
Permítele al peine resbalar por tu cabello,
deja que mi perfume se impregne en ti,
para que las flores te tengan celos,
sólo te haría falta sonreír.
Un rayo de calma me invadió,
hay cisnes nadando en el manantial,
sé que es de noche y no sale el sol,
per tú también me logras maravillar.
Extiende la mano, toma este papel,
de la acuarela elige gamas alegres,
dibuja una sonrisa que pueda extender,
para que en mi otra vida siempre te recuerde.
Hay ninfas que se ocultan para vernos,
su palidez observa nuestra luz,
quieren saber qué llevamos dentro,
pues nuestras caras reflejan virtud.
Que empiece a entonar el vals,
y bailemos hasta el amanecer,
si el cielo nos pide más,
yo el gusto le daré.
Así aquella pareja consumió cada momento,
él llevaba puesto un antifaz,
ella el vestido perfecto,
y todo listo para comenzar.
Se necesita amor para fantasear,
un corazón roto para la desilusión,
sólo el coro de los ángeles cantará,
el destino de esta dramatización.
Una mano a la de ella y la otra en su cintura,
bailaban de izquierda a derecha sin parar,
sólo por esta noche abrázame y no tengas duda alguna,
ya que si no es ahora entonces cuándo lo será?.
Las celosías encerraban aquel acontecimiento,
por dentro se movían al tiempo y compás,
no hubo ninguna espiga de tormento,
sonrisas decoraban paredes y un pilar.
El reloj danzaba con prisa y sin piedad,
tuvo intuiciones de que algo pasaría,
sabiendo que si aquel corazón llega a acelerar,
entre las notas de la tonada la vida perdería.
Mientras la elegancia de los sonidos tintineaban,
y sus guantes blancos parecían acariciar,
la falda de su doncella de rosas perfumaba,
cuando daba vueltas de aquí para allá.
En medio de tanto deleite,
los latidos del hombre fulminaban,
eran emociones muy fuertes,
que poco a poco le mataban.
Sus respiraciones se hicieron lentas,
aquellos ojos no podían saltarse más,
fue ahí cuando abrazado a de ella cayera,
perdió la vida a la mitad de su vals.
Las marchitas rosas perplejas quedaron,
su mujer en espinas se sentía hundir,
el amor de su vida falleció bailando,
al compás de la pieza con la que solían sonreír.